
La Eurocopa de Suecia deparó una de las grandes sorpresas de la historia de la competición. En 1992, Dinamarca, una selección que no se había clasificado para la fase final y que accedió porque Yugoslavia, sacudida por la guerra, fue vetada por la UEFA pese a haber logrado el pase, consiguió levantar el trofeo continental.
A las semifinales del campeonato, de nuevo de ocho selecciones y en el que no participó España, llegaron Alemania y Suecia, por un lado, y Dinamarca y Holanda, por el otro.
Los germanos sufrieron, pero se plantaron en la final, a la que accedieron también los daneses ante el estupor general.