ELENA PRIETO
La filosofía de la escuela se resume básicamente en dos palabras: formación y educación. Quince equipos que van desde benjamín hasta juvenil contando también con las féminas ocupan las filas de la FEBO, una escuela modesta que no teme a nada ni a nadie. Vicent Gandía, el presidente de la escuela nos contaba como desde el trabajo y el esfuerzo se ponen en práctica estos valores que son los que les identifican. El fútbol es aquí un deporte a través del que ejercer formación por ello la filosofía que prima es que todos los integrantes de la plantilla jueguen y por tanto la distribución de minutos es parcial. No hay jugadores más o menos importantes sino que todos cuentan en el equipo porque todos están en la fase de aprendizaje, aunque todos se lo toman muy en serio. El presidente se mostró un tanto reacio al abordar el tema de los jugadores que se marchan a equipos de otros pueblos buscando supuestamente un mejor nivel. Para Vicent Gandía el jugador que será futbolista «lo lleva innato, será jugador de fútbol porque el quiera no porque su padre quiera». Así afirmaba que en la edad en la que se encuentran la mayoría de los niños que juegan en esta escuela lo importante son los estudios, el fútbol no es lo primordial sino que es algo que acompaña al jugador en su formación personal. También abogó porque se potencie y se crea en jugadores locales para la primera plantilla del Ontinyent.
LO MEJOR
La escuela trabaja para que todo esté a punto
El sábado los infantiles jugaban a las 11:00 en El Clariano, el campo del Ontinyent, pero los descartes del Ontinyent (al fondo) que jugaba fuera tenían que entrenar. A las 9:45 se informaba del cambio. A las 10:00 horas todos los niños estaban jugando.
LO MENOS BUENO
Las instalaciones: Los equipos se reparten en tres sitios para jugar
Al principio del año se decide qué categorías van a jugar en cada sitio. Los futbolistas entrenan en campos de tierra en La Purísima y algunos compiten en césped, en El Clariano. Estos cambios hacen que no acaben de adaptarse.