R. MARÍN E I. ALGARRA
Llega a SUPER en punto, se sienta en el ordenador y sin un ´negro´ que le teclee al dictado él solito contesta a 52 —estaba dispuesto a seguir, pero tampoco hay que abusar— de las centenares de preguntas que le van llegando al chat tanto de valencianistas como de levantinistas, lo que habla de su nueva condición mediática y su tirón.
Se nota que el icono del Levante, Vicente Iborra, que pese a saber que el Valencia lo quería ha preferido renovar cuatro temporadas, le pega al ´Facebook´, el ´Tuenti´ y el ´Messenger´. Está puesto en las tecnologías, contesta rápido y aunque puede hacerlo no descarta ninguna cuestión. Es su primer chat, reconoce, y la experiencia le motiva.
Entre línea y línea habla animadamente con los redactores que se arremolinan alrededor. En tono de broma le replica a alguno que quiere quedarse con él —sin éxito— que está esperando a que Xisco Nadal y Rubén renueven para invitar a cenar y así repartir gastos. Al lío.
Poco a poco, va dejando titulares. «Me gustaría seguir los pasos de Sergio Ballesteros», una declaración de intenciones. Otro más: «Quiero quitarme la espina clavada del descenso». Y curiosos: «He tenido referentes en el mundo del fútbol, como sobre todo Zidane».
En su casa se habla valenciano y no duda en quitarse del castellano para responder en el idioma que le preguntan. Y está abierto a hacer autocrítica, como cuando le aconsejan que no suelte tan rápido el balón: «Por cuestión de confianza no lo conduzco, pero con el tiempo me atreveré más». También sale airoso, con rabiosa sinceridad, a la más espinosa de las preguntas, las críticas del Ciutat, que pese a ovacionarlo el domingo en demasiadas oportunidades ha sido inflexible con él: «Me da muchísima rabia que mi gente me silbe, pero a la vez mucha motivación para seguir mejorando y hacerles ver algún día que se han equivocado. Es verdad que jugando en casa me he sentido un poco incómodo, pero poco a poco lo iré superando».
Sale elegante al paso también de todas las preguntas sobre el interés que tenía el Valencia en él reafirmando su compromiso con el Levante, algo que hace también en la charla informal antes de irse a casa. Y es que Iborra se va de SUPER dejando claro que tiene el corazón granota, que nadie lo dude, y ganándose un tanto al reconocer que no podía abandonar el Levante sin dejar ni un euro en sus arcas. Porque si algún día tiene que abandonar Orriols quiere que sea con el equipo en Primera y por la puerta grande para poder volver siempre que quiera. Y, como colofón, avisa: «Aún está por ver el mejor Iborra».