EFE
«Sooomos caaampeones de Eurooopa, caaampeones de Euroooopaa» cantaban como podían los 23 internacionales golpeando las lunas del autocar con las palmas de la mano, tantos gritos sobre el césped dejaron afónico a más de uno, pero merecía la pena forzar la garganta. El autobús, anclado a la puerta del vestuario del estadio Ernst Happel de Viena antes de dirigirse al aeropuerto para celebrar el título en el cuartel general de Neustift, se movía de un lado a otro por la fuerza que tenían los golpes de unos futbolistas que lograron desquitarse de 44 años llenos de desencantos.
Las paradas de Casillas, los goles del goleador David Villa, la concentración de Marchena, el pundonor de Puyol, el infatigable Capdevila, las subidas alocadas de Sergio Ramos, el motor Senna, la Magia de Silva, la inteligencia de Xavi, el genio Iniesta, las ganas de Albiol, la potencia de Fernando Torres que le permitió dejar atrás a su marcador y batir a Lehmann, el penalti de Fàbregas en cuartos de final contra Italia, el detalle de Palop con su ídolo Arconada, el buen humor no exento de profesionalidad de Pepe Reina…y, cómo no, la sabiduría de Luis Aragonés, que supo mejor que nadie guiar al grupo al cetro continental a pesar de todos los palos que recibió antes de lograrlo con sus históricas charlas llenas de batallitas, escribieron el 29 de junio la página en color más gloriosa del fútbol español. Esta noche se recuerda aquella cita, con un amistoso frente a la local Austria. No estarán presentes todos los que ganaron la Euro´08, pero sí en la memoria.
Con el paso de los años, los internacionales que disfrutaron de aquella noche mágica contra Alemania se darán cuenta de lo difícil que va a ser repetirlo. Desde ese día, a la Roja le han colgado el apelativo de ´invencible´ —aunque el pasado verano se perdió contra Estados Unidos en la Confederaciones— y hay que disfrutar todo el tiempo que se pueda. No fue una final al uso, la única incertidumbre la daba el marcador (0-1), porque la Roja fue notablemente superior desde que ganó a Italia en la tanda de penaltis. «Desde ese momento sabíamos que íbamos a ser campeones», es la frase más recurrente de los internacionales a la hora de valorar la fecha en la que empezaron a creer en el éxito, la clave fue la convivencia del vestuario. Esa química aún sigue viva.
Hay quién se emociona recordando aún la emotiva charla de Luis antes de las semifinales contra Rusia, en la que el ´Sabio´ dijo tener un informador ruso y confundía los nombres de los jugadores por su dificultad, o el despiste que tuvo cuando le telefoneó el Rey para desearle suerte pero que él no se creía al pensar que se trataba de una broma radiofónica… la ´Roja´ empezó a escribir una historia de éxitos que debe continuar hasta el Mundial de 2010. Como rezaba el lema en el autocar que les guió por Neustift, Innsbruck, Salzburgo y Viena, «pase lo que pase, España siempre». Hoy concluya la fiesta.