C. I.
El comunicado oficial es la antesala de la noticia. El Barcelona negó «rotundamente» lo que desde Cataluña se da por hecho: el próximo verano Cesc Fàbregas será jugador blaugrana. El asunto echa el mismo tufo que el famoso «Never, never, never» de Florentino. El presidente del Real Madrid hizo la de Judas, negó tres veces el fichaje de David Beckham para luego terminar fichando a la estrellita inglesa.
Desde los despachos del Camp Nou desmienten «cualquier acuerdo con el jugador», mientras el entorno del jugador no afirma ni niega nada. Todo es absolutamente lógico porque el Arsenal podría denunciar a los culés ante la FIFA por negociar a sus espaldas y Cesc tiene contrato con el Arsenal, club de que es capitán, figura y bandera.
«La política de contrataciones del Barça siempre ha priorizado la negociación con el club de origen y posteriormente el acuerdo particular con el jugador. Queremos recordar que nuestras relaciones con el Arsenal son excelentes». La afirmación contrasta con las continuas quejas del presidente Gunner, Peter Hill-Wood, y de su entrenador, Arsène Wenger, que han declarado estar «hasta las narices» de la presión barcelonista por repescar a Fàbregas.
Según lo publicado el centrocampista habría dado el visto bueno al club culé. Faltaría, eso sí, el acuerdo por su traspaso con el Arsenal (liberarlo costaría no menos de 50 millones de euros) Cesc nunca ha escondido que anhela regresar al equipo donde se formó hasta los 16 años, el club por el que suspira toda su familia. Una idea ante la que Wenger siempre se ha mostrado inflexible, ofreciéndole una millonaria renovación.
Palazo a la casa blanca
Mercancía electoral en el Madrid y ahora en el Barça, Cesc era prioritario para Florentino, incluso por delante de Ribéry, y también lo era para Guardiola. De culminar la operación, Laporta le habría ganado la partida a su rival antes de marcharse imitando su estrategia.