R. MARÍN
Amaga pero no pega. La victoria en Murcia significaba dar el golpe por el ascenso, pero se escapó en los últimos compases. El Levante continúa de tapado, bien posicionado. Sin embargo, le falta dar el paso de convertirse en candidato con todas las letras. De imponer respeto a los propios rivales que ocupan las plazas de acceso a la Primera División.
Eso es precisamente lo que el Levante ha pospuesto para el próximo sábado contra el Nàstic: dar el golpe llevándose los tres puntos y a partir de ahí enlazar una serie de victorias. Luis García habló de postergar el asalto a las últimas 10 jornadas, pero lo cierto es que la condición de invictos de los granotas en lo que va de año, unida al clima de confianza que se respira, podría agilizarlo. No se trata, eso sí, de elevar la auto-presión, sino de aprovechar la ocasión que se presenta.
Y es que los dos últimos resultados del Betis, que parece revivir de la mano de Víctor Fernández y que ha cambiado radicalmente su imagen, no pasan desapercibidos. Aunque también tienen puntos flacos, Hércules y Real Sociedad lideran la clasificación y parece que el tercer puesto está abierto para Betis, Cartagena, Levante y en menor medida Numancia, que parece unos escalones por detrás.
Fuerte como local aunque con el peaje de sólo dos triunfos como visitante, el Levante encara la recta final consciente de la superioridad teórica de sus principales rivales, pero sin ánimo de renunciar. De ahí que el equipo se lamente de que partidos que se ponen de cara como el de Murcia no acierte a cerrarlos. «A partir de ahora los empates no le valen a nadie», explicaba Luis García tras el choque, claro mensaje de por dónde van a ir los tiros. Alimentando la buena línea en el Ciutat, mejorando fuera y manteniendo la fortaleza defensiva como seña de identidad, clave en las 10 jornadas sin perder, seguro que el Levante dará el golpe.