JOAN CARLES MARTÍ
Aún es muy pronto para tirar cohetes, pero en espera que llegue la artillería —Villa, Silva, Mata, Marchena y Pablo— a Ermelo, hay motivo para la ilusión. En las dos medias partes de ayer se vieron ganas —incluso muchos jugadores protestaron al árbitro el gol del empate del Borussia Dortmund, en claro fuera de juego—, se marcaron todos los penaltis y tanto César como Moyà pararon uno. Cierto que ante el Udinense a más de uno le entró la modorra estival, pero esa actitud de querer ganar hasta los amistosos hacia tiempo que no veía. Encima habrá mucha competencia por la titularidad. Jordi Alba, Ever Banega y Dealbert lo van a poner difícil, mientras que Miguel lo tiene bastante crudo para quitarle el puesto a Bruno. Por no hablar de la portería, que hemos pasado de la desconfianza a la seguridad. Y repito, que todavía falta que entren en acción los internacionales y en especial Villa. El Guaje fue el protagonista de la Convención de Peñas. Acudió sin que nadie le obligará, compró acciones, firmó autógrafos, se fotografió con todo el mundo y anunció que volvería el julio próximo como jugador del Valencia para recoger otra vez el premio al mejor del equipo. Toda una declaración de principios para todos esos chisgarabís de Madrid y Barcelona que han intentado por tierra, mar y aire enfrentarlo con la afición valencianista. No hubo durante todo el día ni un sólo reproche al Guaje, como no podía ser de otra forma. Y de postre el amistoso abrazo a Llorente. Un gesto espontáneo para los mismos que han faltado al respeto al presidente del Valencia, al que han se han atrevido a culpar de perjudicar la carrera del delantero asturiano y no se cuantas memeces más. Pues nada aquí al lado tienen la prueba del algodón. Así que la tan necesaria ilusión volvió al Valencia un día de Sant Jaume tras la conjunción planetaria entre Dortmund y Alzira. Buena premonición. ¿Y Dalport? Pues tal como está el panorama, lo mejor es que se dejen de mandangas, y que pongan los millones ya, o que pidan perdón. No hay más.