Es más, para que no haya dudas, Llorente representa a la entidad y por extensión a todo el valencianismo, mientras que el entrenador sólo a sí mismo. Un técnico se puede sentar en muchos banquillos de equipos distintos (si es bueno, que no es el caso), en cambio un presidente sólo es de un equipo. Mencionada la evidencia para los que sólo desempatan con el favor arbitral, Llorente hace muy bien en reclamar explicaciones a Emery por su trabajo, porque al final el preparador cambiará de aires, pero el compromiso del presidente es mayor, en el plano deportivo y en el económico. La responsabilidad de Emery es hacer bien su trabajo. La de Llorente es salvar de la bancarrota una institución deportiva de primer orden, y dada la situación, no está para bromas, ni para aguantar a profesionales anodinos pagados a precio de despilfarro.