Qué poco dura la alegría en casa del pobre! La verdad es que aún no entiendo la necesidad que tenía Unai Emery de enfadar a Mestalla, y por extensión al valencianismo en general, tras el buen sabor de boca que dejó el partidazo ante el Barça. Ya saben lo que pienso de las rotaciones, pero ante al inofensivo Slavia de Praga era oportuno dar entrada a los menos habituales. Salió otra vez mal. Una pena y una pregunta reincidente: ¿Por qué el entrenador se atreve a cambiar a Michel y Jordi Alba, mientras deja en el campo a Baraja y Alexis que estaban como la chata? Ese es el gran problema, la diferencia de trato entre unos y otros. Espero, por el bien de todos, que corrija de una vez ese aspecto y además que diga clarito con qué jugadores no cuenta, para al menos intentar colocarlos en el mercado de invierno.
Acierto
Llorente hace muy bien en ir a Paterna. Por cierto, va siempre que puede —como hacen los buenos industriales que además de las horas de despacho visitan la fábrica—, para conocer de primera mano y mirando a los ojitos como está la plantilla. Su trabajo es hablar con el cuerpo técnico y los jugadores y explicarles la importancia de tener pocos tropezones en lo deportivo. Por cierto, los empleados de alto rango que estén desmotivados (¡ara mare!), lo tienen muy fácil, dimisión irrevocable con la renuncia a la indemnización, que es lo que debían haber hecho cuando se fue Vicente Soriano, el que los blindó en el Valencia.
Ruego
La obligación, pues, del Valencia es ganar mañana al Almería. No hay excusa para lo contrario. Es necesario volver a coger de nuevo la senda de la ilusión, y sobre todo para que jueguen los mejores. Algo tan sencillo que debería ocurrir siempre.