Pasado el disgusto praguense (¡qué les voy a decir que ustedes no haya rajado!), sólo queda esperar que mañana las cosas salgan de cara. Aunque tiene narices que un equipo como el Valencia se encomiende a la diosa fortuna, en vez de a su poderío técnico (digo de los jugadores). Además, como tengo propósito de enmienda, Unai Emery será mi entrenador hasta cinco minutos antes que termine su contrato. Por tanto, queda liberado eternamente y en brazos de sus palmeros, que le suben la moral en tiempos difíciles y lo acunan mucho más cuando alinea un once racional. Eso sí, espero que sus aduladores de medio pelo sigan su futura trayectoria, en todos los sentidos.
Recuerdo
Mañana llega el Zaragoza, un equipo que caía tan simpático por aquí, que cualquier visita del Valencia a la Romareda era excusa para pasar por el manto de la Pilarica, que era una tradición del siglo pasado donde no vale la pena entra en detalles. Sin embargo recuerdo más el fervor peñista que habitaba en el autobus, cuando todavía existía el Ragudo, que lo otro, seguramente porque entonces en el banquillo se sentaba Alfredo Di Stéfano con Amadeo Ibáñez de segundo.
Diferente
Y es que la entrega de los Abelardo (al que ahora veo mucho en los Tres Mares), Claramunt, Antón, Forment, Aníbal, Sergio y Pellicer animaban a cualquiera. Hasta aquel extremo zurdo argentino Valdés, que llegó a jugar con la ´Roja,´ se quedó en Valencia y su escuela de Picanya es un referente.
Motivación
Así que después de cuatro partidos fuera de Mestalla, mañana debe ser un día muy especial para estar con el Valencia y dejar claro su poderío.