La sonrisa de Mathieu tras el gol de la victoria en San Mamés es la máxima expresión del buen rollo que habita en el vestuario blanquinegro. Un jugador recién llegado a Mestalla, con problemas para charlar con los compañeros y que nada sabe de las guerras intestinas de una entidad que ha vivido varios años en permanente división. El futbolista francés simplemente hace aquello por lo que se fichó, jugar lo mejor que puede. Ni se da el pico con éste, ni con aquel. Entrena, vive con su familia en El Vedat y salta al campo con la motivación de un cadete de primer año. Sin duda, representa la imagen de cambio de un equipo casi idéntico al curso pasado. Sus compañeros se han acostumbrado a su forma de ser, y por eso se ha ganado el respeto del grupo.
Fortaleza
El respeto, esa consideración por el colega, por el técnico, por el presidente, por el club y por la afición que lo representa es vital en el fútbol. Esa es la diferencia. El Valencia tenía la autoestima por los suelos. Los gestores anteriores habían ayudado mucho para la autodestrucción, calentando un sillón sin más, sin proyecto, sin ilusión y con la única atención a sus intereses personales. Manuel Llorente ni es perfecto, ni tiene la fórmula mágica para arreglarlo todo. Además su círculo más próximo le ayuda muy poco —los Gómez deberían bajarse sus sueldazos si quieren seguir conspirando—, sin embargo el presidente transmite seguridad y predica un sólo discurso. Esa confianza ha llegado a la plantilla, primero porque se les habla clarito, a la cara y sin mentiras, y luego porque se cuenta con ellos para salir de la complicada situación. En definitiva, se da todo el protagonismo a la parcela deportiva, sin hacer trampas en la económica.
Cohesión
Al rival también se le debe respetar. Mucho más si es el Real Madrid. Pero respeto nunca significa sumisión, ni mucho menos inferioridad. El Valencia ya ha demostrado que un equipo puede imponerse a una suma de individualidades, por muy rutilantes que sean. Esa es la clave para el partidazo del sábado. Con motivación, concentración y oficio hay pocos equipos que puedan con el VCF. Además hay en juego mucho más que un partido.