Para los optimistas, el Valencia encara la segunda vuelta con todas las posibilidades abiertas; para los los pesimistas, todavía debe mejorar en Mestalla; para los derrotistas, es nadar para ahogarse en la orilla; para los soñadores, el anticipo del título. El fútbol en general, y el Valencia en particular, es un estado de ánimo. En cualquier caso siempre hay que ser positivos antes de un partido, y más si es frente al Sevilla, un club que quiere apartar al Valencia en esa necesaria tercera vía contra la Liga bipolar. Hay muchas cuentas pendientes, y seguro que los de Emery ponen todo de su parte para contentar a la parroquia blanquinegra, pero hay que descubrirse por la gestión deportiva del Sevilla. Un claro ejemplo de que la prioridad de un equipo de fútbol está siempre en la plantilla, y cuando se hace bien incluso es la clave de los beneficios del negocio. Eso es lo único que el Valencia ha tirado en falta en los últimos años, la estabilidad institucional para dotar a la secretaria técnica de la continuidad necesaria para recoger los éxitos. Además de una afición fiel dispuesta a dejarse la garganta en cada choque.
Modelo
Un partido en el Pizjuán es un espectáculo visual y sonoro al alcance de muy pocos escenarios de la Liga actual. Si a eso se le une la apuesta por la gente de casa, la identificación de la afición sevillista con su equipo es esencial en la triunfante racha que llevan los de Nervión. Me pregunto quienes pueden ser nuestros Monchi y Jiménez, y la verdad es que Fernando se asemeja al prestigioso director deportivo sevillista, en cuanto a compromiso y conocimiento de la entidad. Sin embargo, la comparación entre el actual técnico sevillista y Emery es imposible, para bien y para mal. Cierto que ellos han dado con el patrón y el Valencia está en ello. No pasa nada, lo importante es la estabilidad, y ahí se ha mejorado mucho.
Presión
Guardiola y Pellegrini han metido al Valencia en la lucha por el título. A los que hemos dicho lo mismo aquí, nos han acusado de vendedores de humo. Seguro que con ellos no se atreven, da lo mismo, cada vez son menos los valencianistas con tendencia a la autodestrucción. Sólo queda no defraudar las espectativas.