Como Sant Blai es uno de los más socorridos especialistas del panteón sagrado valenciano y es venerado con fines terapéuticos, nos viene que ni al pelo para curarnos en salud. Porque la segunda vuelta de los de Emery necesita de toda clase de apoyo, incluido el espiritual. Toda ayuda es poca. Dicen que el santo armenio salvó la vida de un niño que se ahogaba al trabársele en la garganta una espina de pescado, de ahí el famoso ´Sant Blai gloriós, deixa el meu xiquet i endús-te la tos´. Sea lo que fuere, yo de Llorente enviaba a alguien a por rollos, ´panelletes´, cordones y el milagroso Oli de Sant Blai, por si acaso. Eso sí, previo visto bueno del doctor Candel, no vaya a ser que nos metamos en un lío sin querer. A lo mejor obra el prodigio y el entrenador levanta el inmerecido castigo a Dealbert y decide darle minutos al ´Chori´ Domínguez, al tiempo que da un merecido descanso a los estresados Alexis y Silva.
Conocimiento
Seguro que con la energía positiva del santo, o de quien sea (por cierto, César, ¿ya has pasado ´El Secreto´, ese libro de superación para creer en lo imposible, al resto de compañeros?), mejoramos en concentración y salvamos la recuesta de febrero. El sábado llega el Valladolid, luego vamos a Gijón, viene el Getafe y cerramos el mes ante el Atlético de Quique, si todavía sigue, que espero que sí. O sea, cuatro partidos para hacer pleno. Dejarse alguno de esos 12 puntos sería considerado como un fracaso, porque para estar en ´Champions´ hay que ganar sí o sí al Valladolid, Sporting, Getafe y Atlético, ¿o no?
Recadito sevillista
Por hacerlo breve, mi nombre salió ayer de paseo en Sevilla por lo que escribí ayer. Creo que la web de SUPER fue la más vista en la capital andaluza y lo que más me molestó no fueron los insultos anónimos, sino el siguiente análisis escrito a orillas del Guadalquivir: «Es duro asumir que lleváis 5 años sin conseguir nada en el Sánchez Pizjuán, pero más duro debe ser comprobar cómo un equipo plagado de presuntos buenos jugadores viene a Sevilla a no perder, a jugar a la mentira, a verlas venir. Y más que duro, patético resulta ver a medio equipo corriendo detrás del que tú llamas piscinero». Estaría bien que no nos sacaran los colores tan a menudo.