Ya se sabe que el Valencia es ese rincón donde conviven sin problemas lo peor y lo mejor, lo glorioso y lo rancio. Nada nuevo que no sepan las miles de generaciones que profesan la fe blanquinegra, pero como el optimismo es bueno siempre que no se haya perdido el norte, y la brújula es nueva y funciona a la perfección, vamos a inyectarnos un poquito de esperanza, ilusión, aliento y ánimo, que retire ese ambiente contrariado que se nota en el entorno. Hay que ser positivos, como esos incondicionales que volvían a las colas de Mestalla —por cierto, ¿no hay una forma un poquito más moderna para sacar entradas?— para meterse en el bolsillo una para el duelo de mañana con los alemanes del Werder Bremen. O los mismos que el domingo se subirán al tren para ir y volver de Barcelona.
Orden
Esas imágenes de la multitud agolpada ante las taquillas, junto con el vídeo de la grada durante la noche del Brujas deberían ser de obligado visionado en la plantilla. Hay que pasar página del enfado ante el Racing, pero hay que exigir el máximo a los jugadores. La motivación debe ser consustancial en cada futbolista del Valencia, pero el técnico la tiene que provocar con criterio. Está bien que haga un aparte con Villa y Silva, muy desubicados el lunes, para apretarlos. Aunque al mismo tiempo debe arengar con sentido. Y señalar a los jugadores que no den la talla. Por eso no entiendo como hoy, el día previo al desquite con los germanos, el equipo tenga libre. La verdad es que no cuadra nada, pero confiemos es que forme parte del guión. Esta semana que nos jugamos tanto sobran los rajes.
Emoción
El fútbol está lleno de gestos. Cuando el Athletic se clasificó para la final de Copa del año pasado después de lustros de pasar la mano por la pared, Caparrós mandó poner en cada taquilla del vestuario de San Mamés una foto con aquellas plantillas históricas que habían levantado el trofeo. Pese a la dura derrota en Mestalla no las retiró, y ahí están todavía para que cada ´león´ sienta en la piel que tiene una gran leyenda detrás. Los equipos que mantienen la identidad pasan algún que otro bache, pero siempre remontan, como el Valencia.