Por mucho que se empeñen, el mundo del deporte nunca podrá ser gestionado como una empresa. Los resultados y los sentimientos están por encima del plan general contable y sus obligatorias auditorías. Cuando Manuel Llorente asumió la presidencia del Pamesa ratificó a Fotis Katsikaris, un griego muy simpático, con muchos amiguetes, pero bastante gandul. Días más tarde dijo que era como su Rafa Benítez del baloncesto y tras unos partidos más no tuvo más remedio que destituirlo. Ahí se empezó a construir un nuevo Valencia Basket con Neven Spahija a la cabeza, que ha tenido como resultado el celebrado éxito de la Eurocopa. Un club que con menos presupuesto, pero con un buen director de orquesta, ha hecho un equipo donde reina el espíritu colectivo por encima de las individualidades.
Trance
Llorente ha heredado en el Valencia todo un marrón. Una deuda desbocada, un nuevo estadio desmedido y una plantilla con contrato en vigor. Si fuera un inconsciente hubiera empezado a despedir a gente y con sus correspondientes finiquitos habría ocasionado la extinción mercantil de la entidad. Tampoco adoptó la figura de Don Tancredo y se puso a exigir, algo que nadie se atrevía a poner en práctica en Mestalla. Ahora que el curso está casi finalizado es el momento de tomar decisiones importantes.
Entrenador
Si el presidente estuviera convencido de la continuidad de Unai Emery, estaría cerrada desde hace meses. Pero como mantiene serias dudas, como la mayoría del valencianismo, le ha puesto la obligación de quedar terceros. Si el equipo ocupa esa plaza al final, le ofrecerá la renovación, con una serie de condiciones, y entonces será el técnico quien decida. En estos momentos no hay mejor candidato para Llorente que el actual, por cuestiones muy obvias.
Plantilla
El mismo plan existe para los jugadores. Aquellos que se crean por encima del club, y que no combinen la motivación diaria y el hambre de títulos, tienen la puerta abierta.