La ocurrencia de un redactor, el que durante la presentación de los trajes preguntó a Llorente si ahora lo que toca es hacerle uno al Barcelona, tuvo como resultado uno de los titulares más llamativos de este Valencia-Barça. Y es que los trajes, valga la redundancia, están de moda, aunque hacerle uno a medida al Barça en Mestalla no va a ser fácil. El sastre y sus operarios tendrán que tomar bien las medidas e hilar muy fino con todas las hechuras, no vaya a ser que a la mínima te hagan un roto.
Por el aire
No parece probable que a estas alturas nadie vaya a perder el tiempo en imaginar comparaciones con Juan Soler. Las diferencias entre Manuel Llorente y el hasta hace poco máximo accionista son tan enormes y evidentes en todo que es difícil pensar que puedan coincidir en algo. Ni siquiera lo de hacerle un traje al Barcelona es comparable a la tristemente célebre predicción de Soler, quien siendo presidente vaticinó que en la Copa del Rey el Deportivo de la Coruña iría «por el aire». Aquello sí fue un gesto de prepotencia, aunque tampoco hay necesidad de perder tiempo y papel hablando del personaje. Es historia.
La fiesta
Mientras Villa se exprime en Paterna para intentar llegar al partido de mañana en condiciones, el flamante fichaje de Joan Laporta se divierte hasta altas horas de la madrugada en una discoteca de Estocolmo. Ahí tenemos una prueba inmejorable de por qué Pep Guardiola puso como condición para renovar con el Barcelona el fichaje del Guaje, y no el de Ibrahimovic. También de por qué Llorente puso tanto empeño en que David Villa se quedara en el Valencia aunque ello suponía apretarse mucho el cinturón, renunciar a una gran cantidad de dinero y tener que tragarse más de un sapo con los números de la próxima junta de accionistas. Mientras, todavía esperamos que alguien explique cómo pretendía mantener a las figuras del equipo, terminar el estadio y dar hasta beneficios sin poner ni un euro encima de la mesa. Sería, otra vez, maquillando los presupuestos con la venta de una parcela que no estaba vendida.
No-juerga
Por cierto, en Barcelona han tardado poco en poner la maquinaria en marcha para darle la vuelta a la tortilla y pregonar a los cuatro vientos que lo de Estocolmo no fue tal fiesta, sino fiestecilla. Debió ser entonces una no-juerga, como las de Ronaldinho. ¿Le habrán puesto un espía?
Con la Roja
Valencia y Barça son los dos clubes que más futbolistas aportan a esa selección que es la envidia del fútbol mundial, en cantidad y también en calidad. Tiene que ser, se mire por donde se mire, un gran partido. Si está Villa será la bomba, pero en cualquier caso el Valencia puede plantar cara a ese equipo hasta hoy invencible. Es, además, la primera gran cita de la temporada para la afición, que bien merece una alegría después de un verano de sombras e incertidumbre. Apenas quedarán entradas, pero vale la pena intentarlo hasta el final.