Praga, capital de la República Checa, es una de las capitales más bellas y turísticas de Europa. Para el Valencia CF, sin embargo, este viaje nada tiene que ver con el turismo cultural. La cosa va muy en serio. Todo lo que no sea ganar a este equipo del Slavia, el mismo que sorprendentemente empató hace dos semanas en Valencia, será complicar de manera innecesaria la clasificación en la Euroliga. El año anterior fueron tres, pero en esta edición sólo superan esta fase los dos primeros de cada grupo, y el equipo de Unai Emery ya ha tropezado en dos partidos de los tres que ha jugado, una en Lille y la otra en Mestalla precisamente ante el rival de mañana. No está el patio para demasiados experimentos si de lo que se trata es de evitar a toda costa las urgencias de última hora, o lo que es lo mismo, evitar jugarse la clasificación en el último partido y en terreno del Génova, es el objetivo de los dos próximos partidos. No valen los empates. Vamos, que si alguien está pensando en ir de turismo, que se quede en casa o mejor que se pague el billete, pero como acompañante.
La clave de César
Puede parecer extraño por aquello de los 38 años y tantos partidos a sus espaldas, pero César además de aportar seguridad a la defensa del Valencia es como un soplo de aire fresco que llegó a este equipo de la manera más casual. Acostumbrados a gente algo más sofisticada en la portería del Valencia, se agradece la presencia de un tipo como este, que se ríe de sí mismo y juega a fútbol porque le divierte y se lo pide el cuerpo. A lo mejor ahí está la clave, de su buen momento y por extensión en la parte que le corresponde —que es mucha— del que atraviesa el equipo.