Parecía que el Valencia iba a resolver el partido en sólo diez minutos, posiblemente de los mejores que se han visto esta temporada al equipo de Emery. Pero no fue así. El balón no entraba, falló la vía rápida y al final hubo que remar mucho para sacar el triunfo adelante. Y todo estaba preparado para que decidieran los bajitos, pero al final fue el más alto —porque Nicola Zigic, como de costumbre, no estaba— el que se llevó el premio. David Navarro en posición de delantero centro. Poco importa, el orden de los factores no altera el producto y el Valencia se llevó la victoria sin goles de Villa, Mata, Pablo ni Silva, pero con la sensación de no haberse conformado nunca con el empate. No es poco. Al contrario, dice mucho de este Valencia. Lo que hace fuerte a un equipo es, además de su solidez defensiva, tener muchas y variadas maneras de resolver y ganar un partido. Un día puede ser porque Zigic pasaba por ahí, como en Santander. Otro porque los bajitos están especialmente inspirados, así fue en Almería. Alguna vez puede ser también porque uno de los centrales decide quedarse a la segunda jugada tras un saque de esquina. Y ahí estaba, el jugador menos esperado en el lugar más oportuno, para sorpresa de los defensas y el portero del Málaga. Si la línea recta es la distancia más corta entre dos puntos, la forma más directa de encontrar la suerte es buscarla.