Es injusto nombrar a Villa antes que a los once futbolistas que salieron a comerse al Barça y dejar el pabellón del Valencia ahí donde se merece, vaya por delante una sincera disculpa, pero es que el Valencia echó de menos a Villa y lo echó de menos desde el primer minuto hasta el último. Desde que Pablo Hernández encaró la portería de Valdés y le estrelló el balón en el cuerpo hasta que casi al final, con el partido ya en menos de la fortuna, Silva tuvo la gran ocasión de sentenciar al Barça en una inmejorable ocasión otra vez cara a cara con el portero. Guaje no hay más que uno, que le pregunten a Víctor Valdés. Difícilmente el resultado hubiera sido empate a cero y el tricampeón se hubiera marchado de Mestalla con un punto de haber estado anoche en el campo, pero esa hubiera sido la historia de otro partido muy distinto al que anoche disfrutamos y en algún momento sufrimos, sólo alguno, porque el triunfador a los puntos fue el Valencia.
¿Dónde está Chico?
El equipo de Emery lo hizo casi todo bien. Silva, Pablo y Mata cumplieron a la perfección su papel. Mathieu tardó en encontrar el sentido a su nueva posición en el campo pero poco a poco empezó a hablar el mismo idioma que el de sus compañeros. El juego del Valencia fue creciendo en intensidad hasta acorralar al Barça peligrosamente cerca de su portería. En el centro del campo la lucha era de tú a tú, algo a lo que no está acostumbrado este Barça. Atrás, ni rastro de Messi, asfixiado por la tela de araña del Valencia y el jet lag. Quizá por eso en la zona de los banquillos los aspavientos eran esta vez de Guardiola, que no terminaba de verlo claro. Por más que lo buscaba, no encontraba por ninguna parte al Chico que estaba anulando a sus jugadores clave. Lógico, porque no lo había, todo el Valencia CF era Chico.
Hasta el final
La primera mitad del Valencia fue pletórica y el resultado al descanso no hizo justicia a su esfuerzo ni a su propuesta valiente. Fueron los 45 minutos en que más ha sufrido el Barcelona y también en los que más intensidad y disciplina se ha visto al equipo de Emery en mucho tiempo. Intensidad ofensiva y defensiva, la que más se había echado en falta muchas otras veces. El esfuerzo era titánico, pero no hay otra forma humana de derrotar a este equipo, al menos dentro del reglamento. Después del descanso hubo que echar un poco el freno y entregar metros al Barça, a la espera que dosificando los esfuerzos llegase la ocasión para matar el partido a la heróica. Fue una segunda parte con más color visitante, algo más estaba obligado a hacer para evitar que el Madrid le recortase diferencias, pero una cosa es querer y otra poder. Y quiso, sobre todo a balón parado y con la amenaza constante de Iniesta, pero el Valencia nunca perdió el norte y además tuvo sus opciones para ganar hasta el final.
Dudas y miedos
La experiencia no quedará sólo en un punto conseguido y la sensación de haber cumplido frente al mejor equipo de la liga. Servirá también para alejar de Mestalla dudas innecesarias y miedos absurdos, esos que privaron al Valencia de puntos en este comienzo de temporada contra la razón y hasta las buenas costumbres. Si un equipo es capaz de que el Barcelona no le haga un gol en 94 minutos, puede conseguirlo también contra cualquier otro que se le ponga delante. Y, si es así, pocos terminarán con empate a cero.