Tiene razón Emery cuando advierte de que no conviene celebrar un empate a cero como si fuera una victoria, aunque se trate del FC Barcelona. Demuestra que también él ha encontrado el equilibrio, o está en el camino. Una cosa es estar satisfecho con los progresos del equipo, con la imagen y el trabajo realizado en un partido especialmente complicado, otra muy distinta olvidar con este empate todos los puntos que se ha dejado el Valencia en este comienzo de temporada, incluidos los del sábado en Mestalla. Esa es la actitud correcta para ir hacia arriba y el mensaje inconformista que está obligado a enviar un entrenador a sus jugadores y a todo el que lo quiera escuchar. Mucho más ahora, una vez demostrado que en ningún terreno de juego hay imposibles ni equipos invencibles mientras el balón está en juego, ya sea en la Liga como en Europa. Hace diez días la Liga era cosa de dos, ahora la puerta se ha abierto y hay que estar en ese grupo selecto de aspirantes como sea.
El extraño Zigic
Ya que de Villa ni se ha hablado para este partido, si hay o no hay riesgo es accesorio porque hoy les toca jugar a otros, hablemos de Nicola Zigic. Con el devenir de los acontecimientos se ha convertido poco menos que en un elemento extraño en los planes de Emery, pero, al menos de momento, un elemento extrañamente rentable. Marcó en sus dos últimas apariciones —Santander y Génova— goles que valieron puntos para el equipo, no tanto para él. Personalmente parece el tío más feliz del mundo y además está integrado como pocos en Valencia, pero su guerra sigue siendo el Slavia y dentro de una semana el Alcoyano.