Unai Emery tiene aún por delante algunas horas para plantear la vuelta de la Copa y, sobre todo, para plantearse a sí mismo qué significa el partido de Riazor par el Valencia. Si pregunta en la calle todo el mundo le dirá que salga con todo porque hay que ganar la Copa. Al presidente más vale que no le consulte, porque le dirá que es el partido más importante de la historia. Eso ya lo sabe. Seguro que tiene alguien más a quien arrimarse en busca de consejo, pero al final será él quien decida desde la soledad del entrenador, acierte o no. Porque no el cien por cien, pero de la valoración que le dé a este partido depende en gran parte que el Valencia siga adelante en la Copa. Y eso indiscutiblemente es así, porque no es lo mismo jugar en A Coruña con Silva y con Villa que reservarlos para el Villarreal. Pero vamos, que tampoco es algo extraño o que pase sólo aquí en Valencia. «Le ocurre a todos los entrenadores del mundo. Si ganas, tienes la razón. Si pierdes, te equivocas», decía Pep Guardiola hace unos días, después de caer en el Camp Nou con el Sevilla, también en la Copa y por el mismo resultado que el Valencia. También se podría dar la vuelta a la frase: Si tienes la razón, ganas. Si te equivocas, pierdes.
También lo sabe
No le servirá mucho de ayuda para tomar sus decisiones porque eso el entrenador también lo sabe, pero hay una diferencia fundamental entre el partido de mañana y el del Villarreal. Con el Deportivo es un cara o cruz, o ganas o te echan directamente de la Copa. A partir de ahí, es una cuestión de valorar lo que pueden dar de sí en los dos partidos diferentes futbolistas y establecer prioridades, pero sobre todo de no renunciar de salida a ninguno de los dos ni nada que se le parezca.
Aquella Copa
Es una lástima que hace unos pocos años la Federación Española decidiera quitarle a la Copa del Rey una de las peculiaridades que la hacían distinta. Cuando los goles en campo contrario en caso de empate no valían doble en esta competición, y de eso no hace tanto, los partidos eran vibrantes, abiertos y disputadísimos hasta el último minuto. Copa es Copa, se solía decir porque todo era posible en aquellas eliminatorias. Ahora son como los demás, aunque todo es posible también.