Después de una derrota así, no queda más que preguntarse por qué extraña razón el Valencia sólo fue un equipo ambicioso cuando ya tenía en contra un 2-0 en el marcador, por qué con uno de los mejores ataques de Europa el Valencia apenas miró la portería contraria hasta que perdía por 2-0, por qué durante muchos minutos daba la impresión de que sólo un equipo se jugaba la vida en este partido, cuando el choque era igual de importante para los dos. Por qué un Sevilla con muchas bajas que además mantiene el tipo en tres competiciones es tan superior en todos los aspectos durante la primera mitad y parte de la segunda. Se puede perder en Sevilla, aunque muchos no lo han hecho esta temporada, pero siempre hay que preguntarse por qué el Valencia no fue ese equipo serio que tanto se echa de menos en las grandes plazas y que ayer, con otro resultado, podía haber metido al equipo de Emery en otra liga que no es la del cuarto hacia abajo. Todo lo demás son circunstancias del partido, la alineación de Marchena griposo en lugar de Banega y los cambios posteriores serán más o menos discutibles, pero no es mentira que con un poco de suerte, quizá con esa segunda amarilla a Zokora, ese disparo al palo de Villa o la jugada polémica al final entre el Guaje y Palop, hasta podría el Valencia haberse llevado un resultado más favorable si no la victoria. Demasiado bonito para ser cierto. Como no hay más consuelo que el gol de Navarro a deshora y la diferencia de goles con el Sevilla, ahora otra vez rival directo, lo mejor el resultado. Y no es bueno.