Ojalá el Valencia no se tenga que acordar algún día de los dos puntos que se dejó en Gijón una fría tarde de febrero, tan fría como la desastrosa puesta en escena del equipo de Emery, apenas diez minutos en que el Valencia sacó a pasear la cara de equipo pequeño y fácil de sorprender. Quizá es demasiado decir que así no se va a ninguna parte porque puede que el empate sirva para ir a la Liga de Campeones, pero momentos como esos alejan al Valencia de ser un equipo capaz de dar la sorpresa de que hablaba hace unos días Manuel Llorente. Así, Barça y Madrid pronto estarán demasiado lejos para seguir la estela.
Quiero y puedo, pero…
Tan reprobable es la imagen inicial como grata la reacción y todo lo que hizo después por ganar el partido, que en condiciones normales hubiera sido suficiente para más que un empate. Porque después fue todo un quiero y puedo, tuvo el balón, tuvo las ocasiones, tuvo el partido, pero la pelota esta vez no quiso entrar hasta que Mata acertó a meterla en la portería cuando Emery estaba a punto de sacarlo y probar suerte con el Chori Domínguez, cuando ya estábamos casi convencidos de que hacer un gol ayer era imposible.
La Santina
El Sporting volvió a contrarrestar con esfuerzo, ilusión y las ideas muy claras el juego del Valencia, así es como Preciado le ha robado cuatro puntos esta temporada. Ayer también se le apareció la Santina, que bajó hasta El Molinón para echar un cable desde los montes de Covadonga. Sólo así se puede explicar el recital de intervenciones de Juan Pablo y los postes de su portería.