Villa llega al partido de España dolorido por la derrota y con molestias en la rodilla, la misma en que el domingo recibió el fuerte impacto de la bota de Simao justo delante del cuarto árbitro, aunque Pérez Burrull a quien le enseñó la amarilla fue a Antonio López. No llegará a los ochenta que tanto temía Unai Emery cuando no lo puso el día de la Copa, pero el Guaje ha participado ya en 41 partidos desde el pasado 1 de agosto y lleva algún tiempo acudiendo a la Ciudad Deportiva a tratarse, a veces incluso acompañado de su familia a horas en que no hay entrenamiento ni periodistas. Si tiene que descansar, y es evidente que sí, no es el de hoy mal partido para que lo haga con el panorama que tiene el Valencia para el próximo fin de semana. Y si no es por el Valencia, que lo hagan pues por el Mundial, porque ganar esta noche a Francia en Saint Denis no es el objetivo de España —eso era antes—, sino ganar a Francia en el Mundial de Sudáfrica. Pero doctores tiene la selección.
Y lo llaman Villarato...
Hasta ayer sabíamos que lo de Marchena es penalti y expulsión. Correcto. También sabíamos que los jugadores tienen carta blanca para empujar y amenazar al árbitro cuando se equivoca en el terreno de juego y que el entrenador de turno puede salir de su área técnica, abalanzarse sobre el cuarto árbitro y empujarlo instantes antes de que tome la decisión clave del partido, la decisión de su vida. ¡Eso es presión, sí señor! Pero hoy hemos aprendido algo más, también sabemos que lo de Miguel es tarjeta roja y expulsión. Y dicen que esto es el Villarato, aunque cuando Villar jugaba en el juvenil del Athletic los árbitros ya actuaban al servicio del poder y beneficiaban a los de siempre.