El fútbol, definitivamente, no es para románticos. Si alguien esperaba a un Valencia irracional saliendo a ganar en El Madrigal pese a que no le iba nada en este cuento, debió tardar poco más de diez minutos en darse cuenta de que las cosas no iban anoche por ahí. Ni con titulares ni con suplentes. El fútbol sin objetivos no es nada y por descontado que el orgullo de ganar en ese estadio donde tantas veces les han tocado la cara ultimamente no es un objetivo para los futbolistas. Eso a menos que haya prima de por medio. Tampoco dejar sin competición europea al equipo que otras veces se ha regocijado de hacerlo a la inversa. Así, el equipo del agradecido Unai Emery se pasó toda la primera parte caminando sobre la línea que divide el no jugarse nada del hacer el ridículo. Después toda la segunda buscando un gol ante el Villarreal más plano de los últimos años, que además terminaba jugando con nueve, sin lograrlo. Una visión premonitoria de lo que puede ser el futuro si el Valencia se deshace de sus estrellas y no acierta mínimamente en los recambios.
Auriculares
Pero eso será otra historia. La de hoy es que el Valencia afortunadamente no se jugaba en Villarreal nada más que la imagen. Afortunadamente porque eso significa que la tercera plaza y el billete para la Liga de Campeones estaban asegurados con dos jornadas de antelación y eso permitió que hasta en el banquillo se siguiera con más interés el desenlace de la jornada por la radio que el bodrio que tenían delante de sus narices. Hasta a Emery le había cambiado el gesto, como si antes de salir hubiera pasado por una sesión de spa.
Perdona y no olvida
Puede que Emery llegue a perdonar al Chori Domínguez por la falta de disciplina y respeto hacia su persona, sobre todo si la temporada que viene no tiene más remedio que ponerlo, pero lo que está claro es que no olvida. El argentino estuvo una semana apartado del equipo y ayer era un buen partido para ser titular debido a las ausencias de algunos titulares y reconciliarse, pero el entrenador decidió dejarlo en el banquillo y darle sólo los veinte minutos finales. El mensaje está bien claro y la actuación en este caso del entrenador no puede ser más razonable, si pasamos por alto que el elegido fue Manuel Fernandes. Todos los jugadores tienen que tener muy claro que para vestir la camiseta del Valencia hay que rendir al máximo y tener un comportamiento digno.