Partimos de la base de que el futuro del Valencia CF depende de esa gran operación económica o ese gran acuerdo que permita terminar el estadio y poner el marcador de la deuda en cuenta atrás. Ese día a veces se ve lejos, otras algo más cerca y hay momentos en que parece imposible que llegue. Es algo así como la Bolsa, la semana pasada se hundió por el pesimismo reinante en los mercados y la ausencia de —buenas— expectativas, ayer en cambio vivió una de las subidas más importantes de la historia. El fútbol y la Bolsa tienen, en efecto, algunas cosas en común, entre ellas la influencia más o menos nociva de especuladores. Pero ese día sin duda llegará porque la crisis —económica— no durará cien años. Algún día las parcelas sobre las que se asienta el actual Mestalla volverán a ser objeto de deseo de los traficantes de pisos y se venderán a un precio razonable. El nuevo estadio no será como se dijo el mejor de Europa, no tendrá acabados en madera noble ni moquetas de tejido persa, pero se acabará y con ello habrá terminado también la larga espera para más de 10.000 valencianistas —los que en su día adelantaron cien euros y seguramente muchos más— que sueñan con tener allí un asiento. Si para que la Bolsa suba las claves son optimismo y confianza, habrá que ser muy optimistas y tener mucha confianza, porque ese día, de verdad, llegará.
Errores del pasado
Y para entonces lo importante es que el Valencia CF SAD tenga muy claro lo que es, lo que quiere ser y, por descontado, los errores que nunca se han de volver a repetir bajo ningún concepto. Llorente no tiene excusa, los conoce perfectamente, pero después vendrán otros.
Fábrica de ilusiones
Mientras llega ese día, la hoja de ruta para ganar tiempo, que ya no queda mucho, y no perder demasiado dinero —cualquier cosa que se añada aquí podrá parecer un chiste— señala vender caro, comprar barato y pese a ello tener un equipo de fútbol que enganche, en el que se vea identificado el aficionado y por encima de todo competitivo. Es la madre del cordero de todas las empresas que como el Valencia se dedican a fabricar —y vender— ilusiones, emociones, sueños... Claro que para lo uno y para lo otro primero habrá que tener muy claro qué idea de fútbol se quiere.