Por un día vamos a olvidar a Emery, a Llorente, a Bancaja y a la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Dejaremos de lado incluso el partido, en la línea de los últimos que se han visto en Mestalla y que decidieron esos jugadores que marcan la diferencia en este equipo como en este caso Mata y Silva. El Valencia regresa a la Liga de Campeones y esa es la mejor noticia que puede darnos este miércoles 5 de mayo, día en que se cumplen ocho años desde aquel triunfo en La Rosaleda que devolvía el título de liga al club de Mestalla después de 31 años. No ha habido que esperar esos 31 años para volver a disfrutar de la Champions aunque en algunos momentos, durante la travesía del desierto, se podía hasta temer.
El club ya tarda en agradecer a la afición el haberlo hecho posible y de todas las maneras posibles. Apoyando este proyecto desde el primer día y no el humo de Dalport, poniendo el dinero para comprar acciones cuando hubo que hacerlo, renovando los abonos en tiempos de crisis y paro, llenando el estadio cuando casi todos empezamos a tener claro que la Champions pasaba por Mestalla, siendo exigente con los jugadores y por supuesto con el entrenador. El más mínimo gesto será bien recibido, pero sobre todo habrá que transmitir a toda esa gente hacia dónde va el Valencia y qué va a ocurrir de aquí al próximo verano. Entre muchas otras cosas por la misma Liga de Campeones. Ahí no puede uno pasar desapercibido. Es una competición que o la disfrutas o la sufres.