Si lo comparamos con los más de 60 de Kaká o Ibrahimovic puede parecer poco, porque no por anunciada y esperada es menos dolorosa la pérdida de un jugador como Villa. Ni sus goles valen menos. Muchos aficionados pensarán que por el Guaje se podría haber sacado más, Llorente asegura que no ha habido oferta que mejore esos 40 millones y desde el otro lado Sandro Rosell, candidato a la presidencia del Barça, asegura que son demasiados. Opiniones las hay de todos los colores, pero aquí hay una realidad incuestionable, cuando un club está necesitado y obligado a vender tampoco está en condiciones de exigir y arriesgarse a que le digan no. Si, como asegura Llorente, es el Valencia el que ha puesto el precio, ya puede dar gracias a que se ha encontrado en el camino con otro club casi tan obligado no sólo a comprar, sino a comprar ya. Seguramente esos 40 millones no representan la oferta «escandalosamente escandalosa» a la que se refería un crecido presidente del VCF hace menos de un año, pero sí la traducción más aproximada a la nueva situación, o sea, esa en la que este club ya no puede permitirse presentar unas cuentas anuales negativas. Condenados a entenderse como estaban —el VCF no puede mantener a Villa, el Guaje quería irse al Barça y el Barça era el único equipo de la Liga que podía ficharlo— lo mejor que le ha podido pasar al Valencia ha sido encontrarse a un Barça en plena campaña electoral. Y a un presidente como Joan Laporta, que por nada del mundo hubiera permitido que fuera otro el que firmara al Guaje para el Barcelona.