Los científicos han advertido que a la misma hora en que se disputa la final del Mundial de Sudáfrica se producirá un eclipse total de sol durante el amanecer en las Islas Cook, un archipiélago ubicado al sur del océano Pacífico, que podrá ser visto también en lugares como Tahití y la Isla de Pascua. En todas las culturas desde hace miles de años se ha intentado explicar esta alineación de los dos astros de muchísimas maneras, no faltan interpretaciones místicas y mágicas, como aquella que asegura que ocurre cuando el sol y la luna están haciendo el amor. También, ojo, llama la atención la relación que a menudo se establece entre el eclipse y la calamidad, pero la física se ha ocupado de dar a todo su explicación, así que pasemos al fútbol.
Quizá tenga que ver con esa alineación de los astros, pero por primera vez y a la misma hora la selección española disputará la final de la Copa del Mundo. Y no era fácil. No es fácil ser el favorito, llegar a la final y mucho menos ganarla. Llevar la bandera del buen fútbol a un torneo como este y que no te la partan miserablemente. No, no es nada fácil lo que ha conseguido y lo que está a punto de conseguir la Roja. Quizá por eso tendrá como premio esa copa y también el reconocimiento de que esta vez el campeón ha sido el mejor. No sólo el mejor en este Mundial ni siquiera el mejor del útimo año, sino el mejor en términos absolutos. El mejor.
Falta el partido
No recuerdo si alguna vez hubo un eclipse en el mismo momento de la final de la Copa del Mundo. Tampoco una final con tantas expectativas y tanta humanidad deseando que uno de los equipos sea el campeón. El fútbol de estos chicos ya ha ganado, falta el partido.