Se le ve seguro, incluso crecido, recargado de energía. No se malinterprete lo que sigue, pero detrás de sus primeras palabras en esta nueva etapa queda la sensación de que Unai Emery se siente más a gusto con este Valencia sin Villa ni Silva, pero con Topal y Aduriz, que con los equipos que ha tenido en sus dos temporadas en el banquillo de Mestalla. No se trata de sugerir que Unai no quería jugadores de la talla de Villa y Silva, porque evidentemente no es tonto, los quería y de hecho les sacó rendimiento. Tampoco de dejar en evidencia a Emery como entrenador de clase B, precisamente ahora que se enfrenta por fin al reto de demostrar que está preparado para la Champions. Se puede entender, en cambio, que seguramente esa actitud por parte del entrenador es la que más le conviene al Valencia y sus circunstancias, que son las que son.
Es la manera de decir a la afición y también a los jugadores que sí, hemos dado un paso atrás, hemos vendido a dos de nuestras estrellas porque necesitamos el dinero, pero ojo, que con los que han venido y los que siguen estamos cogiendo impulso, somos igual de fuertes y no rebajamos nuestros objetivos. Algo tendrá que ver con el año que lleva sufriendo a Manuel Llorente. Mirándolo bien, este equipo que tiene ahora Unai se parece bastante más al que hace dos años le dijeron que iba a entrenar en Valencia, cuando Soler quiso poner en marcha la táctica del ´sálveme yo y quien pueda´.
La verdad, volver a escuchar a Emery es como cerrar un libro de esos que leemos en las tardes de verano y abrir otro. Invita a ponerse las pilas para una temporada en que, como en todas, no habrá tregua. El Mundial se acabó, vuelve el Valencia. Bienvenidos de nuevo a la fiesta.