El domingo por la tarde apuraba las últimas horas de una breve semana de vacaciones cuando recordé que el Valencia estaba a punto de jugar su primer partido de pretemporada y, además, lo daban por televisión. Tomé lápiz y papel y me puse delante de la pantalla, la verdad, sin demasiadas pretensiones, dispuesto a abrazarme al aburrimiento si era preciso con tal de encontrar un punto de apoyo sobre el que construir este escrito. Un punto, en definitiva, sobre el que empezar a vislumbrar los secretos de ese equipo rocoso que el Valencia CF ha diseñado para competir con los rivales y al mismo tiempo con la crisis, una idea surgida a medias de la necesidad y el convencimiento de que, efectivamente, empieza a tomar forma. Prometo que no me dormí aunque en el momento de terminar el partido la hoja estaba en blanco como al principio. Bueno, casi en blanco, porque en realidad sobre el papel sólo había escrito un nombre: Topal. Una sola palabra, un único nombre, una posición clave en el terreno de juego. Suficiente para construir este escrito tanto como para empezar a rediseñar este equipo desde atrás. Sobre otros puntos habrá debate. Topal, sin embargo, no necesitó más de 45 minutos para demostrar que el nuevo Valencia se moverá en su tela de araña. Es, visto lo poco que hemos visto y sin necesidad de enterrar a David Albelda, el punto de apoyo más firme que tiene Emery para activar este equipo y no es casualidad que sea el jugador que es y en la posición que ocupa, la del medio que llaman destructor. Es lo que estaba pensando cuando en el 92 Soldado enviaba a la red un balón que por allí pasaba, o quizá quien pasaba por allí era Soldado, quién sabe. El nombre de Soldado no aparece en esa hoja casi en blanco, pero pensándolo bien debería.