Hacia las dos de la madrugada me subí en el coche y puse dirección a Saint Etienne. En la frontera me hicieron bajar del vehículo, enseñar la documentación y demostrar que llevaba encima dinero suficiente para comprar una entrada y pasar un día en Francia. Bueno, se puede decir que tuve hasta suerte, porque me ahorré unos euros gracias a la huelga del personal de las autopistas francesas. Tras diez horas de viaje paseaba por las calles de esta ciudad habitualmente tranquila, invadida en aquellos momentos por el bullicio del Mundial. Días antes unos hinchas radicales alemanes habían agredido brutalmente a un gendarme, al que no mataron de milagro. En Valencia, una agencia de viajes me había pedido una fortuna por reservar una habitación, poniendo como excusa que había overbooking en la ciudad y habían hecho un gran esfuerzo para conseguirme una de las pocas libres. Mentira. Fue llegar y en 15 minutos encontrar una por cinco veces menos. Un hotel, además, con ambiente mundialista, virtualmente tomado por aficionados escoceses que tomaban el sol en la piscina y sudaban whisky. Más tarde pasó a recogerme en un taxi Carlos el Lobo Diarte y nos fuimos al estadio, precioso estadio. Después recuerdo haber estado en un concierto de Celtas Cortos, en un insalubre descampado que habían reservado los franceses para la fiesta española. ¿Fiesta, qué fiesta? Por la mañana me fui de Saint Etienne con muchos recuerdos de aquel Mundial 98.
De lo que no recuerdo prácticamente nada es del partido. Sé que empataron a cero España y Paraguay, que España casi no remató a gol y que ese resultado era el principio del fin para los nuestros en el Mundial de Francia. En efecto, días después volvían a casa sin superar la primera fase y los paraguayos seguían en octavos. Seguramente el partido fue bastante parecido al que jugaron los dos equipos el sábado, pero esta vez Paraguay se encontró con que hoy la Roja ya no es aquel equipo triste, sin una idea clara de fútbol ni líderes en el campo.. Quizá sea injusto reducirla a un solo detalle, pero aquel equipo tenía a Raúl y este a Villa. Aquel no superó un triste grupo con Nigeria, Paraguay y Bulgaria y este ha llegado a semifinales sin forzar la máquina al límite. Paraguay es de otra liga, pero no Alemania. Ahora llega el momento de darlo todo.