Si el domingo España gana este Mundial, habrá que remontarse décadas para encontrar un equipo que lo merezca más por su propuesta futbolística. La Roja es una máquina de hacer fútbol, un equipo de leyenda que nada tiene que envidiar a los mitos del Brasil del 70 o la Naranja Mecánica del 74. Una delicia cuando maneja el balón y una roca cuando no lo tiene. Ningún equipo del mundo sería capaz de dejar media hora sin rematar a portería a un equipo como Alemania. Es más, hemos visto a los germanos siempre en semifinales y finales, les habremos visto ganar y perder partidos en todas las épocas, pero jamás se les vio sufrir tanto en el terreno de juego como en el partido de anoche en Durban. Ver a un portento futbolístico como Schweinsteiger hincar la rodilla en la hierba es el símbolo del poderío incontestable de la Roja.
Torpe entorno
La Roja le dio un baño a Alemania y Vicente del Bosque nos lo dio a todos los que hemos dudado desde el primer día. El seleccionador se ha equivocado en unos partidos y ha acertado en otros, pero a la hora de la verdad ha sabido mantenerse al margen y tomar las decisiones correctas. Ayer le rompió todos los esquemas a los alemanes con la inesperada presencia de Pedro, Pedrito, en lugar de Fernando Torres. Ni Fàbregas ni Silva ni Llorente, sin duda fue la decisión del partido y el resultado fue fulminante. Del Bosque y los jugadores de España han demostrado que ellos son los mejores, no como todos aquellos que formamos parte del entorno que hemos sido muy torpes. No tenemos ni idea de lo que es un Mundial y a la primera duda sacamos a pasear nuestra vena destructiva. Gracias a que seleccionadores dicen que en España hay 45 millones, pero a la hora de la verdad no hay más que uno, porque en caso contrario España no estaría en la final de la Copa del Mundo, los jugadores hace semanas que disfrutarían de sus vacaciones y algunos todavía tendrían el valor de sacar pecho.
La final de la utopía
Mientras decidimos si el domingo ponemos en las crónicas Holanda o Paises Bajos, vamos a prepararnos para disfrutar de una final que hasta hace muy poco era una auténtica utopía viendo los caminos por lo que durante mucho tiempo ha transitado el fútbol. La final entre dos equipos que apuestan por el fútbol de verdad y por el espectáculo, por el trato del balón y el talento de los jugadores. Un partido y un auténtico regalo para el fútbol del que, lamentablemente, sólo uno saldrá vencedor.
La lección
España era favorita antes de comenzar todo ésto y lo sigue siendo 26 días después, es mejor, pero también lo era la Naranja Mecánica en las finales del 74 y el 78 y en ambas salió derrotada. Ellos, pues, ya salen con la lección aprendida. Quizá sea el único clavo ardiendo al que tienen posibilidad de agarrarse.