Es una modesta producción francesa de moderado presupuesto, en blanco y negro, muda y ambientada en los felices años 20, la que viene para recordarnos que, además del dinero, la tecnología, los efectos especiales, el 3D y el glamour de las grandes estrellas, en nuestros días es posible competir con otras armas como el ingenio, la imaginación, el trabajo bien hecho, la humildad y el don de la oportunidad. La película se llama, acertadamente, ´The Artist´, se ha convertido en la gran favorita con seis nominaciones para los Globos de Oro y se vislumbra ya como una de las grandes triunfadoras en la próxima noche de los Oscar. Vamos, como la Liga y la Champions, pero del cine. Sus rivales son famosos y poderosos, compiten por todos los títulos en juego contra algunos de los grandes como Woody Allen, George Clooney, Martin Scorsese, Leonardo di Caprio o Brad Pitt, que es como enfrentarse a Florentino, Mourinho, Cristiano, Messi, Rooney o Drogba. Casi todos los rivales, como mínimo, la duplican en presupuesto. Sin divos, sin grandes decorados virtuales ni complicados efectos sonoros, hasta sin color. Sus argumentos son claros y limpios: una idea y un buen equipo. O lo que es lo mismo, un argumento sólido, original y potente con unos actores capaces de enganchar al público con gestos, más que con palabras. Escriben los críticos que en un principio a su director, Michel Hazanavicius, nadie lo tomaba en serio cuando planteó llevar a cabo en pleno siglo XXI un proyecto de estas características. Tampoco creímos a Rafa Benítez cuando dijo que ganar la Liga era posible, no hasta que lo vimos cerca. Y sin duda no es fácil. Para competir con superequipos, lo mismo que contra superproducciones, hace falta mucha ambición, inconformismo, fe, crecerse ante la adversidad y ahuyentar el miedo al fracaso. Nadie dijo que fuera fácil, pero es posible.
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