Aquel año Llorente se hartó de visitar el despacho del entrenador, de conversaciones como la de ayer en Paterna y otras muchas en pasillos de aeropuerto. El entonces entrenador, antes de un partido decisivo de Champions con tra el Inter, llegó a retar a la plantilla de una manera que ahora resulta inimaginable. De aquella histórica rueda de prensa queda en el recuerdo una de las frases más míticas, «nos quedan dos meses de aguantarnos», pero hubo muchas más: «Hay algunos que no empujan y contagian al resto», «algunos tienen que demostrar si quieren seguir y si sirven para estar aquí». En fin, que el Valencia hizo dos días después un gran partido en Mestalla ante el Inter, pero quedó eliminado de las semifinales por el valor doble de los goles fuera de casa y un error arbitral lamentable. Ese año el Valencia que gestionaban Rafa Benítez y Manuel Llorente terminó quinto en la Liga a 18 puntos del campeón y no se metió en la Liga de Campeones. Al final, la obligación del presidente es exprimir al entrenador y el trabajo del entrenador hacer lo propio con los futbolistas, pero muchas veces no es suficiente. Cuando un equipo entra en una dinámica como la que roza peligrosamente este Valencia, los futbolistas tienen la llave. Un año después, con una plantilla que no era mejor, ganaron Liga y UEFA.
¿No estamos tan mal?
Aunque sea verdad que el Valencia no está tan mal, sobre todo porque son muchos los rivales que están peor, tampoco conviene decirlo muy alto, no sea que nos impida escuchar el ruido del tren que se acerca por detrás y nos acabe atropellando.
Miedo
Emery hace mal en hablar de miedo, porque para vencer al miedo no hay entrenamiento ni jugadas de estrategia ni seguramente medicina que no dé positivo en los controles.
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