La fiesta está en Valencia pero, si hablamos de fútbol, no hay ahora mismo otra ciudad como Bilbao. Allí es donde vive instalada la ilusión que tanto cuesta levantar a este lado del mapa. Jugarán la tan deseada final de la Copa porque les tocó en suerte el Mirandés en lugar del Barcelona, aunque también es cierto que el Valencia no ha tenido que eliminar al Manchester. ¿Lo habría hecho? Sabiendo de antemano lo que se van a encontrar en La Catedral, nada ni nadie debe confundir esta tarde a los jugadores de Unai Emery. Ni miedo ni cansancio ni dolor. El Athletic es un equipo que como el Valencia está acusando en la Liga el precio de querer estar arriba en tres competiciones, ellos incluso más. Con lo que tienen por delante, no es la tercera plaza del Valencia ahora mismo una de sus prioridades. Si se meten en faena y hacen un partido serio, como en Holanda o quizá hará falta algo más para llevarse los tres puntos, seguramente sacarán buen provecho de tanta embriaguez y de paso volverán a marcar diferencias en la clasificación. Si no, pues nada, a sufrir y a esperar la Nit del Foc. Dicen que el fuego purifica y regenera.
Nosotros
Por más que se intenten buscar comparaciones, tampoco conviene perder mucho tiempo en ello. Ni Emery tiene nada que ver con Bielsa ni San Mamés con Mestalla ni el Valencia CF con el Athletic de Bilbao. La Catedral es por muchas coincidencias —y no sólo la estética— el más inglés de nuestros estadios. Dicen que allí la afición del Athletic anima siempre al equipo pase lo que pase, tanto si gana como si pierde, si juega bien y también cuando lo hace mal, como ocurre en muchos campos de Inglaterra o Escocia. Desde luego no se puede ignorar que en Mestalla las cosas funcionan de otra manera. ¿Y qué se puede hacer si aquí la cultura es otra? ¿Y qué se puede hacer si nosotros no somos como ellos?
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