Miremos hacia adelante

El equipo, pese a la derrota, vuelve a dar a la gente argumentos para creer

25.10.2016 | 20:30

El problema ahora mismo es que seis derrotas a estas alturas condicionan mucho, pero ni siquiera con eso ni el mosqueo por un arbitraje canallesco es este domingo un día para mirar hacia atrás, donde sin duda habría mucho para escribir. Pero el partido deja detalles más que suficientes para cargar con la mochila por pesada que sea, mirar al frente y empezar la remontada. ¿Hasta dónde? Visto lo visto, hasta donde nos dejen, pues hay cosas que no cambian porque parece que no interesa que cambien por el bien del negocio. Hoy, por fin, se puede decir que el Valencia ha despertado de verdad. A Prandelli, pese a llegar tres meses tarde, le han bastado solo unos días para poner un poco de orden en lo que parecía un caos. Si ponemos a la banda de música que salió en Mestalla bajo la batuta de un cocinero, un arquitecto o un simple estudiante de solfeo en lugar de un director de orquesta, lo que tendremos no es una banda de música, sino simplemente una banda. Es poco más o menos lo mismo que ha pasado con el Valencia hasta que primero Voro y después el italiano metieron mano.

Mano negra
Al equipo le faltó un poco de aplomo en los minutos finales para haber conseguido algo memorable, como hubiera sido derrotar al Barcelona con una actuación tan desafortunadamente parcial de Undiano Mallenco. Hace mucho que este prometedor colegiado en sus años mozos debió pasar a la reserva, al menos la Liga se habría ahorrado el ridículo de esta actuación denunciada y criticada en todo el mundo. Inexplicable que decidiese regalar al Barcelona el gol que abrió el marcador, si no fuera porque llueve sobre mojado. No puede ser más claro el reglamento al respecto, igual que aquellas manos de Abdennour en Eibar son un ejemplo muy claro de lo que no han de interpretar los árbitros como penalti. Pero no, no es que Undiano Mallenco desconozca el reglamento, es que a la hora de la verdad hay cosas que están por encima de toda norma. Como el miedo a dejar al Barcelona con diez hombres en Mestalla a la media hora de partido. Remató el navarro una primera parte para enmarcar con la jugada entre Rodrigo y Umtiti. Un jugador que llega primero y gana la posición, otro que viene por detrás, lo atropella y lo empuja con los brazos sin ninguna intención de jugar el balón.

Cafres
Hubo en la grada alguien todavía más cafre que Neymar, provocador profesional, y es el que le lanzó la botella. A ver si por una vez las cámaras sirven de algo y lo echan para siempre. Un borrón en el día en que la inmensa mayoría de la afición volvió a identificarse con el equipo.

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