Una hora de partido y la cosa no estaba del todo clara. El Alcoyano había empatado en el Camp Nou. Mucha moral. El Alicante había rozaba la hazaña en el Bernabéu y el Denia regalaba la clasificación después de demostrar que un modesto Segunda B es capaz de convertir un 2-0 en un 2-3 y poner contra las cuerdas al gran Sevilla en su propio feudo de Nervión. Poco más o menos como la Real Unión de Irún, que perdonaba una ocasión tras otra en Mestalla ante un Valencia que volvía a sus vicios más recalcitrantes, para desesperación de los pocos que asistieron al pobre espectáculo con cara de circunstancias pero con respeto. Hasta Zigic parecía reivindicar su condición de transferible fallando lo que ningún delantero, de Primera, de Segunda B o de Preferente, está autorizado a fallar.
La lógica
Fue entonces cuando la lógica decidió que era el momento de darse -por fin- una vuelta por Mestalla, Zigic hacía su cuarto gol en tres partidos, volvía a ser intransferible, y el Valencia solucionaba sin más apuros el partido con un 3-0 que no es para tirar cohetes pero sí para seguir adelante en la Copa, uno de los objetivos todavía intactos de la temporada.
El fichaje
¿Cuánto hace que el Valencia no superaba una eliminatoria de Copa con un global de 5-1? Bueno, tampoco es cuestión de ponerse a revisar estadísticas. Aunque el 3-0 a la Real Unión de Irún es importante, más en los tiempos que corren, la noticia grande estaba a miles de kilómetros, en Buenos Aires, donde los directivos de Boca Juniors daban luz verde al acuerdo para el traspaso del pibe Banega al Valencia. ¿Mira que si dentro de unos meses el Valencia gana la Copa del Rey con un gol del argentino? Ese día nos acordaremos de este 2 de enero frío y lluvioso en que el Valencia derrotó no sin apuros a un Segunda B y a la vez que fichaba a un joven talento argentino.