P. TARANCÓN Y R. MARÍN
La derrota en Zaragoza ha dejado un comprensible poso de pesimismo en la afición del Levante. Era una muy buena oportunidad para asaltar los puestos Champions y se perdió. Sin embargo, no todo deben ser conclusiones negativas sobre un partido en el que sólo la falta de acierto de cara al gol impidió que el conjunto granota sumara al menos un punto. Salvo en unos primeros minutos en los que los pupilos de Juan Ignacio Martínez parecieron no haber entrado a su hora al partido, el equipo supo encajar con fortaleza el tempranero gol del Zaragoza y se repuso con rapidez para acabar gozando de varias ocasiones claras de gol para haber rescatado un empate. Las estadísticas así lo confirman, pues el Levante disparó a portería en un total de 11 ocasiones, cuatro de ellas entre los tres palos, y barrió al Zaragoza con diez córners a su favor, por solo dos del cuadro aragonés.
Fue un encuentro condicionado desde el principio por las bajas de los dos hombres clave de este equipo, Barkero y Koné, y que dejó bien claro que a Juan Ignacio Martínez, si la situación lo requiere, no le tiembla el pulso a la hora de introducir ajustes y variaciones en sus esquemas, siempre buscando lo mejor para el equipo. El miércoles en Zaragoza faltaban los dos jugadores más importantes y que hacen funcionar el esquema táctico habitual del Levante. Ante su ausencia, JIM creyó que lo mejor era buscar una alternativa diferente, adaptándose a las características de los futbolistas que iban a suplir a Koné y Barkero. La apuesta fue por Ghezzal y Farinós; y el trivote en el medio. Algo relativamete novedoso y, aunque por momentos faltó claridad en la transición defensa-ataque o algo de contundencia en defensa, el resultado no fue tan negativo. Sin embargo, el tempranero gol del Zaragoza obligó al técnico a pensar rápidamente en nuevas soluciones, condicionadas también por las lesiones que fueron produciéndose.
Farinós se resintió de unas molestias y tuvo que dejar su sitio a Rubén Suárez. Nuevo golpe de timón, pues se volvía al esquema habitual del 4-2-3-1. Pero, apenas 10 minutos después, caía lesionado otro mediocentro, Iborra. JIM se veía obligado a buscar de nuevo alternativas para recomponer al equipo y lo hizo de forma valiente. Decidió poner a Botelho en la posición de mediocentro, aunque no sea la suya habitual. Buscaba así aprovechar su mayor calidad con la pelota y su rapidez en el movimiento de balón. A su vez, Rubén Suárez caía a banda y Valdo al medio, buscando mayor capacidad en el rechazo y tiro de media distancia. Buenas ideas, pero que descolocaron algo al equipo, con demasiados hombres fuera de sus puestos naturales.
En definitiva, una búsqueda constante de alternativas dentro de las posibilidades que ofrece una plantilla y que, a pesar de que en Zaragoza no tuvo los resultados esperados, es buen síntoma pues habla de un entrenador y unos jugadores dinámicos, capaces de adaptarse a situaciones bien diferentes.
Igual en Albacete y Cartagena
Estas ´mini-revoluciones´ de JIM no son algo nuevo, pues el técnico ya las acostumbraba a hacer en Albacete, Cartagena o Salamanca, sus últimos equipos. A pesar de tener un once más o menos fijo, JIM siempre se ha caracterizado por saber buscar y encontrar alternativas.