D. RODRÍGUEZ
En cualquier otra circunstancia, el Levante-Motherwell no pasaría a la historia. En este caso, sin embargo, sí que lo va a hacer. Además, con letras mayúsculas. Porque anoche, por primera vez, el Levante jugó un partido de competiciones europeas en el Ciutat, que encima ganó, aunque por la mínima y sin el más mínimo atisbo de brillantez, frente a un rival al que los granota siempre recordarán con amabilidad.
Y es que mira que son buenos estos escoceses. Eso sí, buenos para ejercer de cómplices perfectos en clasificación granota para la liguilla; lo que es jugando al fútbol, poquito o nada. Solo en el descuento (con un remeta a bocajarro inexplicablemente fallado por Francis-Angol) y en el primer aliento del choque dieron cierta sensación de peligro. Suficiente, eso sí, para lograr lo que en 90 minutos no habían conseguido en la ida: marcar un gol. El problema, para ellos, fue que no subió al marcador. Su publicitado peligro en los balones aéreos lo insinuó Ojamaa al rematar en el segundo palo una falta lateral, aunque en posición antireglamentaria a los tres minutos.
Pare usted de contar, por lo que al Motherwell se refiere. Aunque tampoco le hará falta una calculadora para llevar la cuenta de las oportunidades de los de JIM. Faltan dos fichajes vitales, sobre todo el del punta, y se nota mucho. El Levante es ahora mismo farragoso y poco productivo de centro del campo hacia adelante, aunque Barkero, Iborra y Diop intenten una y otra vez germinar brotes verde en sus botas. De ahí que el Ciutat, ante el Motherwell, a quien más aplaudiera fuera Ballesteros cuando fue sustituido por Rodas, a modo de descanso y tributo al mismo tiempo.
Al equipo le cuesta olvidarse de Koné y acoplarse a sus nuevas circunstancias, sin un ´9´ todoterreno que haga bien tanto de espaldas como de cara a portería. Por eso, casi siempre son las bandas el último y único remedio posible para encontrar el gol. Gekas, que como Ángel solo cubre la segunda mitad de las necesidades ofensivas del equipo, convirtió un balón envenenado de Juanlu al primer palo en el 1-0 definitivo, a 20 minutos para el final del encuentro. Había avisado a la vuelta del descanso, en una jugada muy parecida que contuvo Randolph, en la misma línea, después de un cabezazo malintencionado del heleno.
Como si del partido de ida se volviera a tratar, fueron tanto el malagueño como El Zhar, aparte del griego, quienes más cerca estuvieron del gol, aparte de esa acción. Antes del descanso, el interior zurdo pudo perfectamente agrandar su leyenda hasta en dos ocasiones, aunque en ambas, el balón se marchó por centímetros. El guardameta visitante se encargaría en la segunda mitad de que el francomarroquí no ampliara su lustrosa cuenta realizadora de inicio de campaña, sacándole un mano a mano con los pies, tras un destacable pase al hueco de Diop; Nabil solito fue quien mandó alto el segundo uno contra uno que tuvo, solo unos minutos más tarde.