Diez días de vacaciones dan para mucho, sobre todo con estas temperaturas superiores a los 40 grados. Entre otras cosas para anteponer las etapas del Tour a la siesta. Y les aseguro que me he pegado al televisor como en los buenos tiempos de Perico o Indurain, donde los efectos del doping no habían sedado a las audiencias de este espectacular deporte. El gran rendimiento de Armstrong pese a estar tres años sin correr, el complot del Astaná para potenciar al americano y minimizar a Contador y las batallas épicas en Los Alpes, de las que tendremos hoy su última entrega en el mítico Mont Ventoux, han vuelto a poner al descubierto lo mejor de este deporte único en sacrificio, en valores y en espectáculo. Pero volviendo a lo de Armstrong y Contador, es inconcebible que Bruyneel ningunee así al corredor que le había ganado las tres últimas grandes vueltas disputadas. Contador ha podido física y psicológicamente con todos. Un ciclista que engancha con sus arrancadas en montaña, como Perico en su día o Pantani, corredores ideales para recuperar el gran ciclismo, el de las grandes cumbres, los demarrajes, las pájaras .... el ciclismo humano. Aunque tras ese comportamiento parcial de Bruyneel hay dos explicaciones. Su amistad con Armstrong que le va a llevar a un nuevo equipo y el sentirse traicionado por Contador cuando el de Pinto estuvo negociando a sus espaldas la posibilidad de irse al Caisse d'Epargne en caso de que Astaná no se hubiera puesto al día en los pagos antes del Tour.