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ENTREVISTA O. ÁLVAREZ (PSICÓLOGO)

´Siempre vi en Barberá a un campeón del mundo´

En su labor de psicólogo deportivo, ha ayudado a Héctor Barberá a mejorar sus muchas cualidades innatas.

 
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J. VALERO —Su trabajo con Héctor Barberá le ha dado reconocimiento y prestigio en el mundo del motor, pero también trabaja en el Consell Valencià de l´Esport, en una labor que no muchos conocen.
—Sí, mi trabajo está en dos ámbitos, en la investigación y docencia en la Universidad de Valencia y en la intervención con deportistas de todo nivel. Algunos pueden acceder a un entrenador psicológico porque su deporte hace que pueda permitírselo y otros no pueden ni aún siendo los mejores del mundo en sus disciplinas porque su deporte no da dinero. En estos casos es en los que entra mi labor en el Consell Valencià de l´Esport.
—¿Seguirá con Barberá en 2010?
—En principio la pasada es la última temporada que he trabajado con él porque cada vez es más complicado enseñarle más cosas y llega un momento en el que es bueno oxigenarse un poquito. Héctor me tiene a su disposición siempre, pero hemos conseguido algo bonito y de momento se queda ahí.
—¿Cómo y cuando empezó su trabajo con Héctor?
—Él, su preparador físico y su agente mostraron interés por el entrenamiento psicológico hace ahora dos temporadas. Sabían que le podíamos ayudar y puedo decir que fue todo muy fácil.
—¿Qué ha cambiado del Héctor que conoció hace dos años al que acaba de proclamarse subcampeón del mundo de 250 c.c.?
—Yo siempre vi en Héctor a un campeón del mundo y para mí no ha sido una novedad. Cuando empecé a trabajar con él ya había sido subcampeón del mundo de 125 c.c., pero cuando uno trabaja duro y bien, las cosas salen. La temporada anterior ya debería haber quedado entre los tres primeros porque se perdió cinco carreras y aún así, quedó sexto.
—Esas caídas que le perseguían han desaparecido hasta el punto de que ha acabado y puntuado en todas las carreras, algo que sólo ha logrado el japonés Aoyama.
—Sí porque se trata de un deportista de nivel mundial que va mejorando año a año, hay que tener paciencia, no existen pócimas mágicas, pero cuando hay talento y medios —tenía una gran infraestructura alrededor— y se trabaja duro, se nota.
—¿Qué tipo de trabajo tuvo que hacer con Héctor?
—El entrenamiento psicológico es un mundo y cada deportista requiere un traje a medida. Uno debe evaluar su estado en distintos aspectos relevantes y luego intentar mantener los buenos y mejorar los menos buenos, pero prefiero no comentar muchos detalles.
—No debe ser el único piloto que trabaja con un psicólogo…
—No porque el trabajo psicológico ya es rutina en muchísimos deportistas. Él tiene el detalle de darme las gracias públicamente en la prensa y se lo agradezco, pero no es el único deportista de élite con el que estamos trabajando y por el Consell Valencià de l´Esport están pasando mundialistas, olímpicos.
—¿Es su labor la correspondiente el término ´coaching´, tan de moda entre deportistas de élite?
—A mí no me gusta ese concepto, prefiero llamarle entrenamiento psicológico porque las variables que yo manejo son únicamente psicológicas, aunque hay un trabajo multidisciplinar en el que tenemos que ponernos de acuerdo con preparadores físicos o médicos, por ejemplo. Todos intercambiamos información para que el deportista rinda mejor.
—¿Es muy diferente el trabajo psicológico entre un deporte y otro o los aspectos básicos valen igual a un motociclista y a un tenista?
—Hay que saber en qué consiste cada competición, pero no hay grandes diferencias realmente. Trabajamos con deportistas tan distintos como grandes maestros de ajedrez o motociclistas. Aparentemente no tienen nada que ver, pero en la estructura mucho más de lo que parece por el mero hecho competitivo. Lo que cambian son detalles del ambiente, del contexto, de las peculiaridades de cada persona. Por eso hay que hacer un traje medida a cada deportista. No hay que saber manejar las técnicas de intervención, sino saber por qué las utilizas.
—El propio Barberá reconoció tras su primera toma de contacto con una MotoGP en Cheste que se había dado cuenta del cambio de nivel y que debería potenciar aún más su preparación física. ¿Podría pasar algo similar con la psicológica o le ve listo para MotoGP?
—Siempre se puede mejorar en la alta competición como pasa con los récords que se superan constantemente. Yo estoy a su disposición porque tenemos una buena amistad, pero muchas veces no hay tiempo para todo.
—¿Cuál sería la mejor cualidad mental de Héctor?
—Tiene muchas y no sabría destacar sólo una. Además, eso sería dar una información muy valiosa a sus rivales. Es un fuera de serie a todos los niveles y sabe que lo debe hacer es centrarse en el rendimiento, no en el resultado porque el éxito depende de muchas cosas y no sólo de uno mismo.
—Las lesiones pueden ser otro elemento y en este sentido, ¿entiende que se le pasara por la cabeza dejar las motos tras su grave caída de la temporada anterior?
—Sí, pero Héctor es muy valiente además de muy bueno y tiene que asumir que eso forma parte del trabajo. A los deportistas y a las personas en general lo que más miedo nos da es qué va a pasar y él en esos momentos no sabía cómo saldría de todo eso. Él sólo debe pensar en lo que tiene que hacer en cada momento y una forma de comprobar su capacidad es cuando corre sólo contra el crono. Ahí es donde se ve el caviar, lo mejor de cada uno.
—¿Hay algún deporte que por sus características requiera mayor asistencia psicológica que otros?. En el caso del tenis, cada vez hay más tenistas que se retiran con poco más de 20 años…
—En el tenis hay ejemplos clarísimos en Valencia de grandes trabajos que se han hecho con deportistas de máximo nivel desde la psicología en colaboración con el resto de áreas. Pero no es especialmente delicado este deporte, el trabajo psicológico ayuda a todos hasta el punto de que un gran maestro internacional de ajedrez me preguntó si podíamos ayudarle a mejorar en algo.
—¿Cómo se puede mantener la motivación cuando ya se ha logrado llegar a lo más alto?.
—Tanto si ganas como si pierdes, lo último que tiene que importarle a uno es el resultado. Lo que hay que aprender es a disfrutar de cada deporte, de los beneficios intrínsecos que genera ser capa de hacer un gesto técnico correctamente, trazar una curva bien, poner la bola donde quieres, ese es el truco, porque entonces te da igual ser el número uno o el número 15. No hay que compararse con todo el mundo. Uno tiene que buscar todos los días su propia motivación.

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