J. V. BELDA
Julián Miralles fue incapaz de ocultar más tiempo el regalo de boda para su hijo. Una llamada telefónica desde los Países Bajos el pasado miércoles, antes de viajar a Alcañiz para la tercera cita del CEV, puso sobre la pista a Julián Miralles Jr, atónito ante lo que le decía su interlocutor: tenía una invitación para correr el Mundial en Assen (Holanda), el próximo 30 de junio. «¿Cómo?, fue lo primero que pensé. Me lo dijo un amigo, de madre española, que vive allí. Sí, que en una revista sale tu nombre junto al de otro piloto como ´wild-cards´ para Assen», explicaba ayer Julián Miralles Jr a Superdeporte.
Su padre, piloto exmundialista como él y director del MIR Racing, ya no pudo esconder lo que para su hijo es «mucho más que un regalo». «Assen es mi circuito talismán, donde me hace mucha ilusión volver a correr después de tantos años», recuerda el actual piloto de Moto3 en el CEV, quinto en Motorland el pasado fin de semana. «En 2003 subí al podio del Campeonato de Europa de 125 cc, en el trazado más largo, y al año siguiente gané con pole y vuelta rápida y tras varios cambios en el circuito, aunque no en las enlazadas del final».
También en esta ocasión Miralles se encontrará pequeños cambios en ´La Catedral´, pero es algo que no le preocupa. «Creo que le pillaré pronto el tranquillo. Primero vamos a ver si somos competitivos en el CEV, estamos muy cerca de los más rápidos, y en Assen ya veremos el panorama y si tenemos motor para ese nivel. Lo importante es ir, correr, y hacerlo lo mejor posible», comenta Miralles Jr, cuyos ingenieros tratan de rebajar en dos kilogramos el peso de la Moto3 valenciana desarrollada por el MIR Racing. «En Alcañiz vimos que tengo ritmo de carrera. Solo me falta pulir pequeños defectos como encontrar los huecos en la primera vuelta, pero es normal tras tantos años sin competir», confiesa un piloto que coincidió en la Cuna de Campeones Bancaja con Nico Terol y luego en el Mundial con Héctor Faubel y Sandro Cortese, ante los que volverá a verse las caras en Assen. «Tengo ganas de correr junto a ellos, y con Adrián Martín, primero en felicitarme por la invitación».
Atrás quedan las dos graves lesiones que casi forzaron su retirada. «Me costó mucho recuperarme mentalmente, más que en lo físico, pues era un chiquillo», dice el piloto, ahora con 23 años. «Cuando volví a intentarlo las cosas no salían y la gente ya no confiaba en mí como antes. Poco a poco he ido mejorando y asentando la cabeza, y me siento más seguro sobre la moto». 8
En su evolución ha pesado la compañía de Estefanía Catalá, una de las primeras mujeres piloto formadas en la Cuna de Campeones. La conoció en los circuitos y con ella contraerá matrimonio el próximo 11 de agosto. «Me ha ayudado mucho psicológicamente», confiesa.