LA PRUEBA - MITSUBISHI LANCER

Calma y tempestad

En su versión gasolina de 143 CV, este modelo integra un cambio automático que permite ofrecer dos carácteres totalmente distintos.

15.06.2009 | 16:46
Calma y tempestad
Calma y tempestad

No cabe duda que Mitsubishi sabe como cautivar a través de sus diseños, siendo el Lancer Sedán de última generación una indiscutible prueba de esta virtud. Nadie queda indiferente ante su paso, ya que con su gran carga deportiva, concentrada principalmente en su frontal, logra despertar la atención de todos aquellos que se cruzan en su camino.
El morro de esta berlina es la zona más genuina y reconocible de la firma nipona, con un abultado capó en el que se dibuja una marcada V con el vértice en clara línea descendente, que culmina en una pequeña toma de ire frontal, flanqueada por unos rasgados faros de moderno diseño. Esta imagen nos recuerda poderosamente a la del afamado Galant, y supone ya toda una seña de identidad de la firma japonesa.
La baja línea que marca el capó se continúa forma ascendente hasta la zaga del vehículo, ofreciendo una imagen extremadamente deportiva y que transmite movimiento incluso cuando el coche está parado. Los contornos de la trasera son mucho más sencillos que los del frontal, destacando únicamente la figura de sus pilotos, que mantienen la línea de los grupos ópticos anteriores.
En cuanto al interior, este espacio destaca por su amplitud, con unas generosas plazas delanteras y una gran banqueta trasera para tres adultos, y, en el caso de la versión a la que tuvimos acceso, por su completo equipamiento de serie, con asientos de cuero y múltiples sistemas de ayuda a la conducción.
Pocos coches en el mercado ofrece de serie lo que el Lancer, ya que aún siendo la única opción disponible para la versión gasolina, el acabado Instyle incluye, además de los ya mencionados asientos de cuero, navegador GPS integrado con pantalla táctil, equipo de sonido con disco duro y lector de de wma y mp3, sistema de apertura sin llave, faros de xenón acompañados por pilotos direccionales y programador de velocidad, entre otras muchos otras tecnologías.
El completo sistema de audio de este modelo integra un enorme subwoofer que mejora enormemente la calidad del sonido. Este se ubica en el amplio maletero del que dispone el Lancer, con capacidad para 377 litros de carga.

Dos modos de conducción
En su apartado técnico reside la mayor peculiaridad de este sedán, ya que el motor gasolina 1.8 MIVEC viene por omisión acoplado a un cambio automático-secuencial con sistema de variador continuo. Esta tecnología obra de forma distinta al resto de cambios automáticos del mercado, ya que no sube de marchas ni varía el rango de revoluciones a medida que varía entre estas, sino que cuando se acelera a fondo lleva al extremo la aguja del cuentavueltas y la mantiene ahí mientras el coche gana velocidad. Este sistema cuenta con la gran ventaja de no dejar sentir las transiciones entre las relaciones, con una aceleración prolongada y continua, pero también con desventajas como el ruido del motor trabajando a pleno rendimiento en cualquier aceleración, o la falta de retenciones mecánicas en las deceleraciones.
Resulta casi imposible mantener una conducción deportiva con el modo de variador continuo activado, ya que no se puede jugar con el cuentarevoluciones ni en las aceleraciones ni en las frenadas, de modo que si no fuese por el soberbio chasis de este modelo, el Lancer sucumbiría a su propio peso e inercia en las curvas, saliéndose de la trazada.
Pero esta problema tiene fácil solución, ya que cuando se quiera dejar de disfrutar de una conducción sencilla y relajada, se puede utilizar el sistema de cambio secuencial, con levas en el volante. Este cambia por completo la personalidad del Mitsubishi, transformándolo en en un modelo dinámico y aguerrido, capaz de pasar por curva a una velocidad increíble, ya que al excelente trabajo de su propulsor, que ahora sí rinde sus 143 CV y 178 Nm a pleno rendimiento, se suma el ya mencionado sublime comportamiento de sus chasis.
El Lancer reacciona de modo inmediato y con total fidelidad a las demandas del ´piloto´, merced a una dirección directa y un tarado de suspensiones más bien duro que logra filtrar las irregularidades del firme sin perder nunca el contacto de los neumáticos con el asfalto.
Este modelo es por tanto un vehículo que puede ofrecer de igual modo máximo confort y gran dinamismo.

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