EDGAR VIVÓ
Años atrás, lanzar al mercado una versión deportiva con motor diésel era poco menos que una estupidez, pero con el tiempo y modelos como el soberbio Golf GTD de última generación, se ha demostrado que esta fórmula entre dinamismo y ahorro de combustible es todo un éxito, eso sí, si no se cae en el error de comparar a estos con los radicales deportivos de gasolina, como en caso del insuperable Volkswagen Golf GTI.
El Golf GTD es un modelo que hace más de 27 años revolucionó el mercado de los utilitarios con motor diésel, merced a su por entonces sorpresiva combinación de altas prestaciones y bajo consumo. Casi treinta años después, este vehículo ha evolucionado radicalmente en todos los aspectos, mejorando no sólo estas características, sino otras facultades como su estética y tecnología, para convertirse en una auténtica alternativa a los deportivos con motor gasolina.
La fuerza de este modelo se transmite ya con su diseño, a través de un frontal depurado en el que se aprecian detalles como los paragolpes de grandes dimensiones, la parrilla de nido de abeja, rejillas más voluminosas, ópticas oscurecidas, antinieblas verticales y barras cromadas. La vista lateral también contribuye a ofrecer esta sensación, con sus deportivas llantas de 17 pulgadas o su reducida distancia al suelo, con una altura total rebajada de 15 mm. En la zaga destacan detalles como el spoiler superior o la doble salida del tubo de escape. Con todo ello se conforma esa imagen deportiva pero discreta que tantos éxitos le ha reportado al utilitario de la marca germana.
El interior ofrece una acertada mezcla entre presente y pasado, con una estética moderna en la que los materiales de alta calidad y la tecnología de vanguardia cobran especial protagonismo, pero donde no pasa desapercibida la tapicería de cuadros igual a la del primer Golf GTI de la historia.
El ambiente en este espacio es claramente deportivo, con detalles como el pedalier de aluminio, el volante multifunción achatado en su parte inferior, o el cuero con pespunte gris que recubre el propio volante, la palanca de cambios y el freno de mano. Los asientos también han querido que transmitiesen una imagen ´sport´, a costa de amplias aletas laterales, que en este caso no guardan la suficiente distancia entre ellas, impidiendo que la espalda descanse del todo sobre el respaldo con la consiguiente molestia tras horas de conducción.
El diésel más radical de Volkswagen
La denominación GTD distingue en este caso al Golf diésel más potente de la gama del constructor germano, con un propulsor de 2.0 litros y 170 CV de potencia que genera 350 Nm de par motor. En el caso de la unidad de prueba a la que tuvimos acceso, este propulsor venía acoplado al excepcional cambio automático DSG de seis relaciones y cambio de levas en el volante, que lograba exprimir al máximo las prestaciones del bloque.
En este motor, como en la mayoría de propulsores dotados de turbo, se carece de progresividad en la aceleración, ofreciendo la potencia casi de golpe cuando se alcanza el régimen de vuelta idóneo, si bien se ha mejorado mucho la entrega en bajos gracias a la tecnología common-rail que sustituye a la bomba-inyector de las anteriores mecánicas TDI. Es a partir de las 2.000 rpm cuando se disfruta de una contundente aceleración que deja a los ocupantes literalmente pegados al asiento y que gracias a la efectividad del cambio DSG, permite sobrepasar los límites legales de la carretera en pocos segundos.
Si a la excelencia de esta mecánica se le suma a un chasis que además de su rebajada altura cuenta con un acertado tarado de suspensiones y una dirección fiel y directa, se obtiene un comportamiento insuperable. El GTD es sorprendentemente ágil, y poco subvirador teniendo en cuenta el peso del motor diésel en su frontal, lo que permite disfrutar de una conducción divertida y agresiva en zonas reviradas. El aplomo y la seguridad que transmite en las trazadas hace que se pueda chafar al máximo el acelerador, logrando un paso por curva realmente veloz. Manteniendo el motor en los márgenes de revoluciones donde se disfruta del máximo par y llevando al extremo la efectividad de sus frenos —que por cierto tardan mucho en acusar la fatiga—, uno se olvida que está a los mandos de un diésel y siente sensaciones similares a las experimentadas en los vehículos de gasolina más radicales.
ATENTOS A
Destacadas prestaciones
Este modelo ofrece registros similares a los deportivos con motor gasolina más vigorosos del mercado, alcanzando una velocidad máxima de 220 kilómetros hora y una aceleración de 0 a 100 Km/h en tan sólo 8,1 segundos.
Bajos consumos
Sorprende que con los 170 caballos de potencia y 300 Nm de par motor, este Golf pueda ofrecer cifras de consumo tan bajas. No llega a los 5,6 litros a los 100 Km que anuncia la marca, pero tras los días de prueba en los que mantuvimos un ritmo de rodaje más bien alto, el testigo apenas pasaba de los 6,5 litros.
Gran estabilidad
El aplomo de este modelo es excepcio-nal. Tanto a altas velocidades como en curvas cerradas, se mantiene siempre firme, sin balanceos ni pérdidas de adherencia.