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Hace ahora sesenta años, en la primavera de 1950, nacía la Sociedad Española de Automóviles de Turismo: SEAT. La compañía quedó formalmente constituida el día 9 de mayo tras firmarse un acuerdo entre el ente público INI (Instituto Nacional de Industria) y el fabricante italiano Fiat. Por aquel entonces, su factoría, de la Zona Franca de Barcelona ocupaba una superficie de 20 ha, donde en mayo de 1953 empezó a funcionar la cadena de montaje, de la que el día 13 de noviembre saldría el primer SEAT: el 1400 A, un sedán de tracción trasera con motor delantero de 4 cilindros y 44 CV. Inicialmente el ritmo de fabricación es de 5 coches diarios y la plantilla está formada por 925 empleados Al final del ejercicio 1954 ya se han entregado 959 unidades por un importe de 123 millones de pesetas.
En 1957 SEAT lanza el 600, que viene a poner casi literalmente al país sobre cuatro ruedas. La influencia de este utilitario con motor y tracción posterior en la vida de los españoles es aún materia de análisis para los estudiosos sociales. No sólo fue el primer coche para muchos conductores: contribuyó a mejorar las condiciones de vida de la población. Tal fue su éxito que en un año las cifras de producción se sextuplicaron.
En la década de los sesenta, SEAT ya destaca como actor principal en el panorama de la industria automotriz española en un país que empezaba a vivir un creciente desarrollo económico. Este despegue facilita que la marca afiance su red de distribución y consolide su liderato en el mercado con una plantilla de diez mil personas que fabrica trescientos coches diarios. Su producción se multiplicará casi por cuatro, rozando las 160.000 unidades en 1967. La gama se amplía con el 1500 Familiar, el 800 y el 850. En abril de 1968 debuta el nuevo 124, la empresa tiene 20.000 empelados y su producción anual suma ya 200.000 vehículos. Además ve la luz el SEAT número 1 millón —un 124 amarillo— entregado a Rosa Zumárraga en el programa de TVE ´Un millón para el mejor´. Al final de aquella década SEAT ha consolidado su posición de primer fabricante del país.
En 1971, SEAT progresa hasta convertirse en la empresa industrial más grande de España y, en 1974, con ingresos de poco menos de mil millones de dólares, se convierte en el octavo fabricante de coches de Europa. El crecimiento del parque automovilístico español es imparable, con casi 2,4 millones de vehículos al iniciarse la década de los setenta, el 50% de los cuales lucen el escudo SEAT. La marca se ha convertido en la mayor compañía industrial del país, apenas veinte años después de ser fundada. Al éxito comercial le acompaña el deportivo, con la Fórmula 1430 y victorias en los principales campeonatos nacionales e internacionales de rralies.
Ante la necesidad de desarrollar productos diferenciados y específicos nace el Centro Técnico de Martorell, inaugurado en 1975. Allí se van a gestar el SEAT 133, primer diseño original de la firma. Con unos ingresos de casi mil millones de dólares en 1974, SEAT es el octavo fabricante europeo y el único que proyecta, desarrolla y construye vehículos de turismo en España. Su plantilla de más de 30.000 empleados produce 1.900 coches diarios. La red oficial ya supera el millar de concesionarios cuando sale de fábrica el SEAT cuatro millones.
A pesar del prestigio de sus productos SEAT encara la difícil década de los ochenta con incertidumbre. Decide reinventarse y en apenas tres años desarrolla tres modelos, uno de ellos totalmente inédito que se convertirá en el mayor éxito de su historia. La renovación de SEAT trae también un nuevo logotipo corporativo de color azul y la adopción de nombres de localidades españolas en sus modelos: Ronda, Málaga, Marbella, Ibiza… Si hay un coche que identifica aquella España de los ochenta, dinámica, ambiciosa y dispuesta a cambiarlo todo, éste no es otro que el SEAT Ibiza. Su lanzamiento en 1984 marca un punto de inflexión en nuestro paisaje automovilístico. Se trata del primer turismo verdaderamente nacional creado por SEAT, cuyo diseño firmado por Giugiaro y mecánica obra de Porsche dan plena validez al eslógan: ´latino de aspecto, alemán de carácter´.
Gracias principalmente a este modelo, la década de los ochenta se cierra para SEAT mucho mejor de lo que empezó, batiendo récords de producción —474.149 vehículos anuales en 1989— y entrando de nuevo en beneficios.
La década de los noventa se inició con los Juegos Olímpicos de 1992 celebrados en Barcelona, una oportunidad única para SEAT, que se convierte en el principal proveedor de coches para la organización. Unos dos mil vehículos componen la flota olímpica, casi todos del nuevo Toledo. El 22 de febrero de 1993, el Rey Don Juan Carlos I y el nuevo presidente del Grupo Volkswagen, Dr. Ferdinand Piëch, inauguran las instalaciones de producción de Martorell. La que se convirtió en una de las plantas de fabricación de automóviles más modernas de Europa se construyó sobre un terreno de tres millones de metros cuadrados en tan sólo 34 meses. La segunda generación del Ibiza y su versión turismo del Córdoba son los primeros modelos en abandonar la línea de producción. En esta etapa SEAT anuncia la renovación de la gama en un plazo de cinco años aproximadamente, para lo cual va a invertir alrededor de 200.000 millones de pesetas. Esto es posible porque ha obtenido un récord de beneficios (24.462 millones de pesetas, 121,4% más que el año anterior). Fruto de esta revolución nace una nueva identidad corporativa: una S estilizada de color rojo.
El siglo XXI llega con una mejora sustancial en todo s los modelos. Aumentan las versiones del León (TDI 150 CV, Cupra, Cupra R, FR), el Alhambra y el Arosa actualizan su aspecto, llegan la tercera generación del Ibiza y la segunda del Córdoba y la división SEAT Sport pone en el mercado una serie limitada de Ibiza Cupra R. En esta etapa la competición vuelve a convertirse en un recurso fundamental y en consonancia, casi todos los coches cuentan con versiones deportivas Cupra R y FR, incluido el Altea.