LA PRUEBA Mazda3 MPS

De doctor Jekill a mister Hide

El MPS pasa de ser un civilizado, suave vehículo cuando rueda por ciudad o carretera, a un extremo coche de competición cuando se adentra en tramos de curvas.

06.09.2010 | 15:55
De doctor Jekill a mister Hide
De doctor Jekill a mister Hide

El Mazda3 MPS de última generación es aparentemente más radical que su antecesor, por su rediseñado aspecto, pero en realidad es más ´dócil´, que su predecesor. No hay que malinterpretar la expresión ´dócil´, ya que éste modelo sigue siendo una excelente alternativa para los que buscan sensaciones extremas, lo que en realidad sucede es que es más manejable, seguro y fiable que el anterior Mazda3 MPS.
Como viene siendo habitual en este modelo, su aspecto radical no está reñido con la elegancia y la discreción, si bien hay que confesar que no pasa nunca desapercibido por allá por donde rueda. Y es que la llamativa toma de aire del frontal del capó, la protección delantera en fibra de carbono, el gran spoiler de la parte posterior, o las generosas llantas de 18 pulgadas, le otorgan al deportivo nipón un aspecto realmente cautivador.

Lo mismo sucede en el interior, donde apenas se ha variado la configuración y las prestaciones del resto de versiones del Mazda3. Las diferencias que podemos encontrar en el habitáculo del MPS se resumen en inserciones metálicas, tapizado especial de color rojo a juego con las costuras del cuero en el volante, la palanca de cambio y en los asientos deportivos, o el pedalier de aluminio.

La deportividad el MPS no está reñida con el confort. Los asientos delanteros de corte deportivo ofrecen, además de una superior sujeción lateral por sus sobredimensionadas aletas, la misma ergonomía que en el resto de versiones, ya que conservan los múltiples reglajes que, junto a los del volante, permiten ajustar el puesto de conducción a las medidas de cualquier conductor. También resultan amplias las plazas traseras, en las que pueden viajar cómodamente dos adultos, sin restar espacio a un maletero que puede albergar hasta 340 litros de carga con los respaldos en posición vertical.

Desde el puesto de conducción se disfruta de un control total de todas las funciones del vehículo, no sólo por los botones del volante multifunción sino también por el fácil acceso que se tiene del resto de elementos y de la gran visibilidad brinda el ordenador de a bordo y el GPS, situados en una posición elevada a la derecha de la instrumentación.

Firme pero rápido
Dotado de un motor tetracilíndrico de 2.3 litros con 260 CV de potencia el Mazda3 MPS es capaz de pasar de ser un civilizado vehículo urbano de envidiable suavidad a un radical coche de competición. Dócil y de fina conducción en ciudad y carretera, el MPS se transforma por completo cuando se adentra en un tramo de curvas. Es entonces cuando desata todo su potencial y demuestra el increíble aplomo. Su paso por curva es extremadamente rápido y firme, trazando los virajes como si circulase por raíles. Esta estabilidad, fruto de una acertada dirección, suspensión y de la efectividad de los sistemas electrónicos como el autoblocante, transmite una gran sensación de seguridad al conductor, al que invita a buscar sus límites.

Sin un sólo pero a su comportamiento, sí echamos de menos una tracción total para domar los 380 nm de par de los que dispone y que resultan incontrolables cuando se vuelcan sobre el tren delantero, resultando imposible controlar la dirección. En ese instante dependemos por completo de los sistemas electrónicos, que de inmediato devuelven al MPS a la trazada para continuar con la diversión.

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