POR PAU FUSTER
Si el Valencia CF quiere a Villa debe demostrarlo, más allá de la frialdad de un contrato que une a las dos partes hasta el 30 de junio de 2014 y que firmaron porque quisieron, sin obligaciones ni coacciones. A pesar de que Emery esté en contacto permanente con Negredo por si el Guaje se marcha, estoy totalmente convencido que nunca llegaría a sus registros goleadores, al menos de momento. Cualquier trabajador de una empresa, sea futbolista o albañil, suele maximizar su rendimiento si está a gusto pero a día de hoy, David Villa no lo está. ¿Quién debe dar el primer paso? ¿Querrá el Guaje escuchar buenas palabras del futuro proyecto del club que le paga? Si no se sientan, es posible interpretarlo pero imposible saberlo.
El VCF defiende su postura apuntando que «ya está todo dicho», pero igual como su intención es quedarse con el goleador de Tuilla, mejor tenerlo de cara y ultramotivado —como ha estado siempre, aunque sabía en el último tramo de la temporada que le iban a traspasar— que molesto porque álguien ha incumplido su palabra. ¿Por qué el Barça se ha desplazado a Asturias y el VCF no? ¿No habría sido más fácil ir a Barajas nada más llegar este de la Copa Confederaciones? ¿Es una declaración de intenciones? Cualquier problema, excepto la muerte, tiene solución pero con diálogo. Si se le explica el proyecto, los motivos que han llevado a un cambio de opinión y se le convence para que siga a gusto un ejercicio más… el Guaje verá que se le quiere de verdad, sino da la sensación que son palabras huecas.
Después habría que pedir respeto hacia el jugador, porque a él se le han atribuído declaraciones del estilo «Sólo quiero ir al Madrid» o «Sólo quiero ir al Barça» cuando él no ha abierto la boca y no es un veleta, como alguno en este club.