Que la fiesta de Halloween se celebre esta noche en muchas casas, calles y locales valencianos significa el arraigo definitivo de lo comercial por encima de lo auténtico. ¡Qué le vamos a hacer! La verdad es que cualquier excusa es buena, aunque se desconozca el origen. Por eso el Valencia puede estar satisfecho de celebrar este año su particular fiesta del terror con la mejor disposición posible. Hace tiempo que no llegaban tantas buenas sensaciones entre los jugadores, entre futbolistas y cuerpo técnico, entre la plantilla y la directiva, en definitiva entre el club y los aficionados. Así que es una buena noche para terminar de rematar con los pocos males pasados que quedan y afrontar el resto de competición con aires renovados. En Málaga y junto al Mediterráneo debe haber la conjura de las grandes ocasiones. No hay nada que lo impida, afortunadamente.
Parece que el fútbol es lo único que se resiste a los influjos de las verbenas estadounidenses. Es más puede que acaben copiando ellos y el fútbol tenga la misma trascendería que el beisbol o el baloncesto. Y el Valencia tiene camino recorrido, porque durante la Noche de las Brujas —la traducción más fidedigna de Halloween— Estados Unidos vive su propio carnaval y el día se asocia a menudo con los colores naranja y a las famosas calabazas. Y aquí a naranjas no nos gana nadie y ya estamos muy hartos de calabazas.
El origen de las famosas calabazas talladas viene de una leyenda de origen celta sobre un granjero que engañaba y mentía a vecinos y amigos. Una conducta le consiguió toda clase de enemistades, tantas que tras su muerte no pudo ir al cielo ni al infierno. Entonces deambuló por los caminos con un nabo hueco con un carbón ardiendo dentro, como única luz que guiara su eterno vagar entre los reinos del bien y del mal. Aunque más tarde se empezaron a utilizar calabazas, al ser más fáciles de tallar para alumbrar el camino a los difuntos.
¿Quieren más motivos para pasar de Halloweewn?