Dentro de un campo de golf es perfecto y fuera del mismo lo parece. Descubrimos en una madrugada del mes de noviembre que Tiger Woods, apodado el ´Tigre´ por su padre Earl, un veterano del Vietnam, es humano: se pelea con su mujer Elin, abandona el domicilio familiar en busca de un respiro mientras la ex niñera sueca de los hijos del también jugador Jesper Pernevik lanza culebras por su boca. En su precipitada huida de la realidad se pone al volante de un Cadillac Escalade y se lleva por delante una boca de riego de la comunidad y un árbol del vecino de la exclusiva urbanización Isleworth (Florida, EEUU). El mundo del golf vive momentos de confusión hasta que descubre, a través de un comunicado facilitado por el propio Woods, que «no he sido fiel a los valores y a la actitud que mi familia se merece». Una forma elegante de decir que ha sido infiel a su esposa o ¿hay que interpretarlo de otro modo?
Una atractiva máquina de hacer dinero
Sabemos, por fin, que Tiger Woods no es un robot, «tengo muchos defectos y estoy lejos de la perfección», tan lejos como cualquier otro ser humano pero con una fortuna superior a los 1.000 millones de dólares, según la revista ´Forbes´. A sus 33 años es una máquina de generar dinero y lo que percibe en premios, en los campos de golf, es sólo un detalle para pasar el día a día si lo comparamos con sus ganancias como ´hombre anuncio´; sus diseños de campos de golf por todo el mundo y otros pequeños detalles que engrosan su cuenta corriente y lo convierten en un ser sumamente atractivo para sus vecinas.
Educado para ser un campeón
Los placeres de la vida no le son ajenos y máxime cuando fue educado por su padre de forma espartana, militar, sin concesiones. Demasiada presión o represión. Fue educado para ser todo un campeón, para ser el número uno del mundo y para batir todos los récords, presuntamente, también el de las relaciones con las mujeres aunque este aspecto se haya destapado de sorpresa, como si se tratara de la última carcasa de una gran ´mascletá´ y dejando descolocados a sus admiradores.
Perfecto sobre un campo de golf
Andando sobre un campo de golf es el hijo perfecto, el yerno soñado, el cuñado admirado: un swing mecanizado, sin fisuras, sólido. Con el drive casi siempre deja la bola en la calle; con los hierros lanza a bandera con la precisión de un tirador de elite; alrededor del green no suele caer en el error y con el putt las enchufa desde donde quiere. Encima, cuando la cosa se le complica saca el talento y ofrece a los aficionados la perfección del golpe imposible. El birdie y el par son sus aliados, el bogey es el castigo, la excepción. Un juego tan extraordinario como ahora olvidado por culpa de un estúpido accidente, por ser humano, dejarse gustar por la mujer del vecino y descubierto por la propia.
Posible divorcio
Demasiados golpes se le están acumulando en el recorrido con su esposa Elin Nordegren. Camino del hoyo 18 debe estar pensando si entrega la tarjeta, con 36 millones de dólares, recompone el juego con la madre de sus hijos Sam Alexis y Charlie y lucha ´por ser mejor persona y marido´ o recoge las maletas de la puerta de su idílica casa y se refugia en el apartamento de un comprensivo amigo mientras protagoniza el divorcio más costoso de la humanidad. Un posible divorcio donde Elin se sentirá responsable de los 71 torneos ganados por su esposo en el circuito americano, por los 14 del Grand Slam y por el hecho de que tan sólo le falten cuatro para igualar al legendario Jack Nicklaus, el jugador más laureado de la historia del golf y que ganó su último Masters de Augusta con 46 años. A Tiger aún le quedan 13 temporadas para batir todos los récords, está en el camino adecuado y máxime desde que se ha transformado en un ´Tigre´ humano. A todo esto, los jugadores españoles que han participado en el Cuatro Tours de Castellón dicen que apoyan a Tiger Woods, ¿apoyan la presunta infidelidad?